Ensamblaje para entendernos

AUTOR: Héctor Silva Michelena, Economista, professor, Universidad Central de Venezuela

El 31 de marzo de 2016, en El Nacional, el padre Luis Ugalde escribía: “En Venezuela, tras el triunfo electoral del 6-D, luego de los primeros desahogos alegres, hay el peligro del bloqueo de los cambios: el gobierno, como no puede ni con todos sus motores verbales, se encierra en el castillo del poder y llama en su defensa al servil Poder Judicial y a la inestable lealtad de las armas. Mientras que los opositores demócratas concentran su esperanza en el Legislativo. Aunque el TSJ hable de leyes no ejerce de juez sino de parte, ni el debate es jurídico sino de poder político para someter al otro. El juego está trancado, entre el Legislativo haciendo nuevas leyes, y el Judicial bloqueándolas de antemano. Pero la miseria y desesperación de la gente avanzan y exigen cambios de fondo” (Elogio de la política, UCAB, 2016).

Más adelante, en el mismo artículo, el pare Ugalde formula esta proposición: “Para desbloquear el camino y reconstruir al país es imprescindible llegar a un acuerdo sobre un gobierno de salvación nacional con compromisos básicos respaldados por parte del chavismo y de la oposición democrática, con medidas de cirugía mayor para recuperar la democracia, con una economía que atraiga inversión, crecimiento y abastecimiento para una sociedad que recupere la esperanza”.

La excelencia del texto excusará la extensión de la cita. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? En los más de ocho meses transcurridos, el juego no sólo sigue trancado, sino que en el coto cerrado donde juegan payasos hipócritas que, fingiendo y fingiendo, han dado la espalda a millones de venezolanos, hiriendo de muerte a la esperanza y ahondándolos en la miseria. Sólo la camarilla gobernante, milico-civil, se ha beneficiado con esta calamidad pública, ya demasiado larga. No se requiere ser un sabio en ciencias sociales para sospechar que, bajo su aparente pasividad, emerge un volcán que vomita azufre y cenizas tóxicas.

En una entrevista reciente conducida por el lúcido periodista Alonso Moleiro (AM, en Tal Cual, 17 al 23 de noviembre), el ex rector de la UCAB afirma sin tapujos: “Esto es una dictadura con miseria para la mayoría”. Ante la pregunta de AM, Ugalde responde: “Yo te quiero decir por qué digo ‘arbitrariamente’ que estamos en una dictadura. En un país donde en una elección la oposición triunfa con dos tercios de la Asamblea y se dice ‘esa Asamblea cualquier decisión que tome es inválida, sin importar sin importar cuál es la argumentación’. Segundo, el Poder Judicial hace lo que yo, el Ejecutivo, le pido que haga; los militares sirven, no para proteger la Constitución, sino para defender al régimen (…) el control es total y el ideal para el dictador es que l dictadura sea aceptada por los súbditos”. Más claro, ni los claros clarines del gran Darío.

AM pregunta: ¿cómo se enfrenta una dictadura? Ugalde: “Lo peor que se puede hacer es empezar a regatear con la dictadura. Estamos secuestrados: nos secuestraron las elecciones, el abastecimiento, las medicinas, nos metieron un montón de presos a los que les han inventado delitos. La tentación puede ser empezar a rebajar, como ‘no me das todo’ porque eso es lo que se hace con el secuestrador. Pero eso es lo que no se puede hacer”. Yo, HSM, lo comparto. Empero, ¿no se está haciendo ya?

Consecuente con todo lo que ha predicado y escrito, el padre Ugalde nos propone lo siguiente para lograr un gobierno de salvación nacional: “Yo creo que un reto para los demócratas es comunicación, comunicación, comunicación con la población en doble dirección. En estos días ha habido mucha confusión. Uno entiende por la presión que tienen los dirigentes, incluso se enredan entre ellos, pero tiene que quedar claro que una cosa son las diferencias y otra cósala gran batalla. Y eso, la fuerza que tiene la oposición es que el 90% del país está desesperado y quiere la salida y la Constitución le da la razón. Entonces se tiene que pedir este matrimonio y no podemos inventar otra cosa”.

AM: ¿y qué opinión le merecen los militares? Ugalde: “Aquel sector de la Fuerza Armada que es clave para mantener esta dictadura es una vergüenza. Es decir, la FA tiene la obligación de defender la Constitución y realmente, y estando en esta situación, evidentemente, si el Gobierno no tiene la mayoría, ¿por qué se mantiene?, porque tiene la fuerza y la ejerce. Dice que cree que puede haber elecciones, pero hay que presionar duro al gobierno con la AN, y la acción internacional. Afirma que no se pueden dar largas porque eso aumenta la tortura de pueblo venezolano, que hace colas para comer y curarse pero no encuentra los productos.

Elías Pino Iturrieta, en su artículo en EL Nacional (04/12/16), después de arrancarle el embustero y tramposo mascarón de proa, y desnudar su dislexia coprológica, nos dice que Maduro “viene afirmando en los últimos días que mantendrá la mesa de diálogo hasta 2020 o 2021, y que evitará que los interlocutores la abandonen. ¿Puede caber una mofa de mayor estatura? ¿Se puede uno imaginar una befa más grande?”. Y concluye muy bien su notable artículo: “En suma, Maduro afirma que terminará su mandato, que lo prologará hasta las calendas griegas valiéndose de un simulacro de diálogo, es decir, emborrachando las estúpidas perdices”. Pausa y sigue.

“La analogía con las perdices va con los líderes de la oposición que guardan silencio que guardan silencio con la descarada operación y que acudirán raudos a la próxima reunión, pero también con el señor a quien le toca repartir la baraja: el delegado pontificio. Rodríguez Zapatero y sus colegas deben estar felices de la vida, como partes esenciales de la jugada y como observadores de lo que ya parece idiotez establecida en nuestra sociedad. Nada nuevo bajo el sol venezolano, si nos atenemos a cómo nos miente sin consecuencias todos los días el embustero mayor de la comarca”. ¿Cómo medirle la nariz a este Pinocho no inocente?

Yo sigo insistiendo que quienes han secuestrado el poder son perros de presa: no la sueltan sino con su muerte. Esa presa se llama “Poder”, y el Poder da acceso al dinero público. “Poderoso caballero es el dinero”, nos enseñó hace mucho tiempo el gran Quevedo.

¿Qué hacer, pues? Leamos el artículo 350 de la Constitución: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”. ¿Quién y cómo se interpreta este artículo? Sencillamente, el pueblo soberano y se interpreta como un derecho a la rebelión. El gobierno y sus órganos del Poder Público (menos la AN, desde luego) y el alto mando militar están incursos en lo pautado en el artículo constitucional citado y, por lo tanto, el pueblo debe desconocerlos. Y punto.

Paz en Colombia. ¿Acuerdo definitivo o futuro incierto?

AUTOR: Héctor Dupuy, Geógrafo, profesor na Universidad de la Plata

 

El 2016 es un año muy particular en lo que hace a la situación mundial y, muy especialmente, para América Latina. Pero, entre el conjunto de noticias y experiencias verdaderamente impactantes que nos ha tocado vivir, se encuentra el hasta ahora tramo final de las negociaciones de paz de la República de Colombia entre dos fuerzas político militares hasta hace poco totalmente antagónicas: el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo, que llevaron a cabo un enfrentamiento armado que se viene prolongando por más de cincuenta años y que deja consecuencias sociales, humanas y económicas catastróficas.

Este proceso habría culminado, el pasado 12 de noviembre, con la firma del Nuevo Acuerdo, modificatorio del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, suscrito a su vez por los representantes de ambas fuerzas el 24 de agosto de este mismo año y que fuera rechazado por la mayoría de los votantes que participaron del plebiscito realizado el 2 de octubre. Cabe recordar que el porcentaje contrario al Acuerdo alcanzó el 50,21 %, habiendo sufragado sólo el 37,44 % de los votantes registrados.

Si bien el proceso parece estar llegando a su fin, al menos en términos militares tradicionales, su complejidad no asegura un final definitivo o, al menos, no parece resolver las causas que lo motivaron. Ambas partes han declarado en innumerables ocasiones su decisión de sostenerlo y respetarlo y han procurado crear los instrumentos necesarios para que esto se produzca. Asimismo, el documento firmado y reformado, recientemente, ha introducido salvaguardas legales y posturas ideológicas fuertemente equilibradas como para que el resultado pueda ser lo más auspicioso posible.

Un conjunto de apartados documentales dan solidez jurídica dando como resultado un documento muy completo con referencia a salvaguardas políticas de ambas partes y de aplicación fuertemente progresista en cuanto a sus planteos sociales y económicos.

Los apartados atañen a los siguientes aspectos: Reforma Rural Integral (Hacia un nuevo Campo Colombiano), Participación Política (Apertura Democrática para Construir la Paz), Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas, Solución al Problema de las Drogas Ilícitas, Acuerdo sobre Víctimas del Conflicto (Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición), Apartado para la Implementación, Verificación y Refrendación, con documentación protocolar y de aplicación formal.

En este conjunto podemos distinguir, como se expresa más arriba, cuestiones de fondo que hacen a exigencias de ambas partes. La introducción de una nueva perspectiva en cuanto a la estructura agraria y a las condiciones del campesinado, sosteniendo principios como la igualdad y el enfoque del género, el bienestar y el buen vivir, la restitución de tierras y el restablecimiento de los derechos a las víctimas del conflicto, el derecho a la alimentación, la participación del campesinado en el planeamiento de las políticas agrarias, la garantía de un desarrollo sostenible, el impulso a infraestructuras indispensables y otros beneficios a los sectores más vulnerables permiten a las FARC avanzar hacia una solución de las causas históricas del conflicto.

Asimismo, el sector insurgente se asegura una apertura que le permite un piso de participación política, junto con su subsistencia, la legalización de su miembros (bajo condiciones de un escaso riesgo de represalias jurídicas) y el consiguiente reconocimiento de su actividad en el marco del sistema democrático liberal, a la vez que impulsa una reforma política que brinde seguridades a la oposición y a los dirigentes de partidos y movimientos políticos y sociales, generando una serie de mecanismos que materialicen tales seguros, a la vez que permitan perseguir legalmente a las denominadas Organizaciones Criminales, entre ellas a las bandas sucesoras de las Autodefensas Unidas de Colombia, supuestamente desmovilizadas bajo el gobierno anterior.

Por su parte, el Gobierno Nacional logra en principio, el único objetivo material concreto e inmediato, el cese al fuego y de las hostilidades y la dejación de las armas por parte de las FARC. Ha sido la base esencial de las negociaciones y, tal vez, su mayor ganancia. Junto con este objetivo, otro de importancia es la propuesta para la solución al problema de las drogas, con lo cual se asegura contrarrestar el apoyo financiero que esta producción beneficiaba a los insurgentes. Asimismo logra evitar el pedido inicial de las FARC para la convocatoria de una asamblea constituyente y la incorporación del Acuerdo al texto Constitucional, la cual fue uno de los puntos rechazados por los votantes del No.

La pregunta es, entonces, ¿que significación tiene la paz en Colombia en este momento?

 

Preexistencia del conflicto

Los medios han ejercido una influencia extraordinaria, ayudados incluso por muchos especialistas, comentaristas, formadores de opinión y personas de buena voluntad, en el sentido de mostrarnos un proceso de paz que, antes que nada, es nada más ni nada menos que eso, “un proceso de Paz”. La concepción pacifista extrema, muy acorde y sensible a esta época tan plagada de conflictos de dimensiones horrorosas, nos ubica en la preexistencia de un concepto de “Paz” por encima de todo análisis. No importa cuáles han sido las causas, las vicisitudes, las marchas y contramarchas; no importa cuál ha sido o cuál es el conflicto. La “Paz” se encuentra por encima de todo eso. Se trata de terminar con el conflicto de cualquier manera, a los efectos de alcanzar esa “Paz”.

Por supuesto, esta idea, de profundo arraigo, choca con los que desean alcanzar una paz justa de conformidad a las motivaciones originarias, en este caso la lucha contra la opresión y explotación de sectores muy vulnerables de la población campesina colombiana, no muy alejada de las situaciones que viven las poblaciones rurales del resto de Latinoamérica, las demás clases populares de este subcontinente o la explotación de grandes masas de trabajadores o desocupados en el resto del Tercer Mundo.

Para los luchadores por la mejora social, por el desarrollo igualitario de los derechos humanos, por la justicia para innumerables personas que se encuentran al margen de los adelantos del progreso y de las mejoras alcanzadas después de muchos siglos por la sociedad, la paz no es sólo un objetivo en sí mismo si no se alcanza con un verdadero sentido de justicia. Justicia para los oprimidos vivos y justicia para los que dejaron su vida por tan altos principios.

De más está decir que esta paz no puede satisfacer a aquellos que se vienen esforzando para impedir este progreso. Se trata de viejas y nuevas clases opresoras que saben que la igualdad social no es otra cosa que la derrota en sus intentos por alcanzar los máximos niveles de eficiencia y competitividad en sus negocios. Estos son los sectores que, exigen una justicia ciega, sorda y muda sobre todos los insurgentes, considerándolos como asesinos comunes, arrastrando tras de sí a una gran cantidad de personas que adhieren a estos principios sin comprender que, tarde o temprano, serán los mismos que esgrimirán estos sectores poderosos para ejercer su opresión sobre sectores medios, profesionales, comerciantes o pequeños industriales. Esto sin considerar que aquellas acciones lamentables y aún horrorosas practicadas por los combatientes, se iniciaron para contrarrestar episodios de extremada injusticia e inequidad, de flagrante violencia practicada contra los oprimidos de todo tipo y con la unidad de todos los sectores oligárquicos y el beneplácito de los poderes instalados muchos kilómetros al norte.

Realizar una diferenciación tan marcada no pretende ocultar los horrores de la guerra. Saldos cuantitativos computados sólo desde 1985, con más de 6 millones y medio de desplazados, 162 mil desaparecidos, más de 100 mil familias que perdieron sus propiedades, 90 mil atentados y combates, más de 90 mil secuestros, 14.216 denuncias de delitos contra la libertad y la integridad sexual, más de 10 mil muertos por minas o explosivos sin detonar, casi la misma cantidad de personas torturadas, casi 8 mil niños y adolescentes involucrados en las acciones bélicas (en su mayoría por las FARC), ejemplifican, a medias, la magnitud de las depravaciones cometidas por todas las partes. Es sabido que, iniciada una guerra, el mantenimiento de las acciones destructivas de todo tipo se van justificando, cada vez más, en la espiral de violencia que se acrecienta y en las propias acciones cometidas tanto como en el compromiso asumido con los muertos y desaparecidos.

Sin embargo, insisto en este punto. En un proceso violento de este tipo, al inicio de las acciones las fuerzas son exageradamente desiguales. Por lo tanto, la elección de la violencia por parte del sector más débil, para la cual los más pobres tienen escasas posibilidades de optar, implica un proceso de empoderamiento en el cual cada paso implica un nuevo compromiso con la opción elegida y cada vez menos posibilidades de diferenciar los métodos utilizados.

El sector más poderoso, aliado y comprometido con los sectores hegemónicos a escala mundial, en especial con los mecanismos del mercado internacional, suele tener, asimismo, escasos márgenes de opción aunque cuenta a su favor con un andamiaje legal, político e institucional que le permitiría mayores posibilidades de negociación racional a las cuales no ha estado decidido a recurrir, salvo en contadas oportunidades. La actual sería una de ellas. Por lo tanto, el nivel de responsabilidad en los horrores antes enumerados es, a todas luces, mucho mayor.

 

El factor territorial

El análisis del conflicto, tanto en sus aspectos reivindicativos como en el proceso de una lucha táctica y estratégica, nos introduce en el interrogante acerca de las posibilidades reales para que un grupo insurgente pueda oponerse, durante un largo período histórico, a fuerzas aliadas al poder hegemónico mundial. En la escala mundial, la existencia de una potencia que controla, en mayor o menor medida, el orden geopolítico internacional, como lo es Estados Unidos desde la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, generando alianzas entre las potencias de segundo orden, disciplinando a las potencias regionales y controlando política, económica e ideológicamente a todo el continente americano, dificulta notoriamente las posibilidades de cualquier fuerza local, nacional o regional para desarrollar una lucha contrahegemónica. Si bien el inicio de las hostilidades entre las FARC y el Gobierno colombiano se produjo en el marco de un orden geopolítico bipolar, con la presencia de la URSS, una potencia antagónica, menor pero poderosa, las posibilidades de acción en una región del Planeta alejada de sus estrategias territoriales y con un Estado aliado, con una voluntad inquebrantable, como lo es Cuba, aunque de escasa entidad espacial y estratégica no presagiaban un futuro promisorio para una experiencia apoyada en una escalada bélica como la que planteaban los insurgentes. El fracaso de casi todos los otros intentos de insurgencia bélica en América Latina testimonia esta apereciación.

Sin embargo, tanto la experiencia colombiana como otras excepciones, la propia Cuba, Nicaragua y, en parte, El Salvador, abren este interrogante. No se trata aquí de reivindicar esta estrategia que ha dejado saldos demasiado nefastos para nuestra región, sino de tratar de comprender la importancia de las acciones políticas contrahegemónicas desarrolladas en diversas escalas pero de acción plenamente territorial.

Al respecto, retomando los estudios e interpretaciones realizadas sobre el espacio geográfico por Henri Lefebvre (1974, 1976), sobre el territorio por Claude Raffestin (1980), sobre la geopolítica por Peter Taylor (Taylor y Flint. 2002) o sobre la conceptualización de la actual etapa en el proceso de acumulación capitalista (Arrighi. 1999), se puede afirmar que, mientras los procesos de concentración de poder por parte de potencias hegemónicas de escala mundial se desarrollan en relación con el gran mercado financiero transnacional, ámbito en el cual se producen tales proceso de acumulación más allá del espacio geográfico concreto, el territorio se convierte en un objeto en el que se reproducen las contradicciones entre capital y trabajo y que, en muchas oportunidades reacciona contra el orden establecido por aquellas.

Así lo han intuido la mayor parte de los grandes movimientos políticos y sociales y también sus expresiones económicas, más allá de haber logrado parcialmente o no sus objetivos. De manera que la lucha de los campesinos colombianos y de todas las fuerzas populares de ese país pueden vislumbrar que los logros de este Acuerdo de Paz se encolumnan en el sentido de esas luchas, más allá que sus protagonistas no hayan concitado un apoyo popular generalizado y efectivo y que sus métodos hayan contribuido a la desgracia de numerosas familias populares. No se trata, pues, de reivindicar el método ni elogiar como grandes héroes a los miembros de las FARC, sino de comprender el momento y la oportunidad histórica así evidenciada.

 

El futuro incierto

Sin embargo, al igual que muchos episodios en las luchas populares, la llegada de esta oportunidad no se produce en el mejor momento ni podrá aprovecharse en un marco de virtual equilibrio de fuerzas. Después de más de una década de esfuerzos latinoamericanos para sostener experiencias progresistas en un buen número de sus Estados y malogrando muchos de los intentos para impulsar un proceso de integración económica, social y política en el cual se pudieron visualizar instancias sumamente promisorias, como la aparición de la UNASUR, el ALBA o la CELAC, que llegaron a mediar, en más de una oportunidad en el conflicto colombiano o los avances del MERCOSUR, buena parte de nuestro subcontinente ha caído nuevamente en manos de la derecha oligárquica y los sectores aliados al capital transnacional.

En particular el mismo gobierno colombiano es parte de este contexto, diferenciando apenas un ala negociadora, artífice del Acuerdo, y otra refractaria a toda apertura que impidió la posibilidad de festejar debidamente la aprobación del texto originario. Estos sectores generan grandes dudas sobre una auténtica aplicación de los diversos Apartados del documento recientemente aprobado. La pertenencia de Colombia al sector más neoliberal de América Latina, asociado a la Alianza del Pacífico, versión actual del fallido ALCA, es sólo un aspecto de la propuesta norteamericana de gran desarrollos comercial y financiero asomado a ese océano a partir del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP). Si bien Colombia no ha suscrito esta propuesta, la política impulsada desde Bogotá se encuentra en sintonía con dicha política estratégica, lo cual no resulta una buena noticia para la población colombiana y, en particular, para sus campesinos.

Por otra parte, la aplicación de las diversas cláusulas del Acuerdo de Paz se encuentra claramente supeditada a las relaciones de poder que existan en los ámbitos institucionales (legislativos y judiciales) y en su aplicación efectiva por el Poder Ejecutivo, el cual será durante bastante tiempo de difícil acceso por parte de las fuerzas progresistas.

En cambio, la única cláusula efectiva del Acuerdo, la “dejación de las armas”, asegura a las fuerzas del poder la imposibilidad de defensa de los militantes populares, los cuales vienen siendo perseguidos y eliminados por las bandas criminales herederas de las fuerzas paramilitares. El futuro, así, se presenta incierto. Sólo un cambio de situación regional podría colaborar con los esfuerzos que realizan los movimientos progresistas colombianos para alcanzar una aplicación real y efectiva de todas las propuestas que tanto sufrimiento y sangre han significado par ala querida patria hermana.

 

Bibliografía

Arrighi, G. (1999) El largo siglo XX. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época. Madrid: Akal.

Dupuy, H. (2000) “Viejas y nuevas perspectivas para el estudio de la Geografía política”. En: Geograficando. Aportes para la enseñanza de la Geografía. La Plata: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de La Plata.

Lefebvre, H. (1974) La production de l´espace. París: Anthropos.

Lefebvre, H. (1976) Espacio y política. El derecho a la ciudad II. Barcelona: Ediciones Península

Raffestin, C. (1980) Pour une géographie du pouvoir. París: Librairies Techniques.

Taylor, P. y Flint, C. (2002) Geografía política. Economía-mundo, Estado-nacion y localidad. Madrid: Trama Editorial

Leitura: relações raciais nas formas de comunicação contemporâneas

AUTOR: Angela Maria da Costa e Silva Coutinho, Professora titular no Instituto Federal do Rio de Janeiro

 

Em outras palavras, a maioria dos membros dos grupos dominantes aprende a ser racista devido às formas de texto e de fala numa ampla variedade de eventos comunicativos. (TEUN A. Van Dijk , 2015, p. 15)

Minha proposta é que possamos percorrer imagens feitas por traços fotográficos e por palavras, perceber suas sugestões e compreender que a mente reconhece significados que já foram inscritos em outros textos, com outras combinações. É nesse sentido, o de surpreender o momento do julgamento, que traço minha estratégia para pensar possibilidades de nos esforçar para fortalecer o olhar, a fim de ler as representações raciais que estão ao nosso redor, às quais temos acesso pelos modos de expressão das ciências e de meios de comunicação.

Mikhail Bakhtin, ao tratar de questões de enunciado e de leitura, aborda o caráter dialógico da comunicação. “Ser significa comunicar-se dialogicamente. Quando termina o diálogo, tudo termina”. (citado por Stam, 2000, p. 72). Essa noção de dialogismo é expressa de maneira recorrente em sua obra, confirmando-se, a título de exemplo, com a declaração: “Por toda parte ouço vozes e as relações dialógicas entre elas”. (idem). Com apoio em visões dessa natureza teórico-literária e auxiliada pela Semiótica, postulados de Análise de Discurso e de Teorias da Comunicação, encorajo-me a experimentar leituras que contribuam para uma discussão de representações de pessoas, grupos humanos, lugares veiculadas em mensagens verbais e não verbais em diferentes suportes propiciados pela tecnologia contemporânea. Tal abordagem visa a refletir acerca das referidas mensagens, por meio da exploração de seus possíveis significados e de suas sugestões, interrogando declaradas intenções discursivas postas em tensão com a memória social e cultural dos leitores atuais. Portanto, visa-se a dar tratamento interpretativo às mensagens, a empreender leituras possíveis, pela via dos critérios de economia, de recepção e de associação de modelos de discursos.

Há um expressivo crescimento, nessas primeiras décadas deste milênio, do interesse em aproximar uma quantidade muito maior de pessoas dos diálogos referentes à construção da imagem dos cidadãos negros e dos efeitos dessa construção para as relações sociais. Foi criada a lei 10639 no ano de 2003, cujo centro de interesse são as relações inter-raciais, ensejando o conhecimento das culturas africanas e afro-brasileira na educação. Iniciativas de caráter acadêmico procuram problematizar o fenômeno do racismo e debatê-lo em seminários e simpósios. Ampliaram-se os cursos de pós-graduação integralmente direcionados ao estudo da complexidade das matrizes raciais e suas correlações culturais, históricas, políticas e econômicas. Nos meios de comunicação, especialmente nas redes de tevês públicas e de cultura, veiculam-se documentários, filmes ficcionais, novelas realizadas por autores africanos e referentes à realidade de países da África. Consequentemente, são mais numerosas, nos dias de hoje, as produções que remetem à reflexão qualificada sobre esses assuntos e, dessa forma, tornam mais fortalecidas, mais visíveis e renovadas as demais maneiras de militância e asseguram continuidade à luta pela igualdade racial empreendida desde os séculos anteriores.

Muniz Sodré (2004) discute um mal-estar civilizatório escamoteado pela socialização “irradiada ou teleirradiada operada pelos meios de comunicação” que, segundo ele, apoiando-se em ideias freudianas, é uma “das dificuldades ligadas à natureza da cultura e resistentes a qualquer reforma”. (p.180).

A abstração violenta (com relação à vicissitude territorial) da montagem industrial dos meios de comunicação contribui para o reforço de papeis e estereótipos presentes na memória coletiva da sociedade tradicional. Novos tipos de discriminação terminam superpondo-se às formas tradicionais de exclusão do outro (o estranho, o migrante), geralmente enfeixadas na denominação de “racismo”. Aparecem, assim, formas inéditas de racismo ou “neo-racistas”. Targuieff menciona três operações fundamentais, três deslocamentos dos conceitos de base racista desde o início dos anos 1970: a) raça passa a ser “etnia” ou “cultura”; b) desigualdade passa a chamar-se diferença; c) a heterofobia dá lugar à heterofilia (Targuieff,1988, p.14, citado por Sodré, 2004, p.180)”.

Observando-se e analisando-se situações e práticas nas relações sociais cotidianas contemporâneas, no Brasil, não é difícil interpretar que existe tensão entre um discurso de hipervalorização do outro e indicações de espaços e códigos simbólicos em que é permitido a esse outro representar-se e expressar-se. Constata-se uma concepção de “diferente” concebida a partir de um centro irradiador de forma, de ética, de gosto distante dos sentidos encontrados em discursos conscientes que legitimam as diferenças, o contato com o desconhecido e com a latência, comprometidos com o entendimento da complexidade dos grupos humanos, interessados no reconhecimento de seus aspectos genuínos. Dentre as indicações citadas, pode-se destacar, por exemplo, uma circunscrição e diferenciação de pessoas nos espaços de lazer e de consumo das grandes cidades. As concentrações humanas das zonas periféricas preenchem um cenário de luxo e de cor bastante diferente da composição formada nas zonas não periféricas e, muito raramente, há a confluência desses grupos. Dir-se-ia que o carnaval propicia uma significativa aproximação, mas vale também a constatação de que essa aproximação está limitada a uma espécie de convivência virtual e na qual as pessoas se agrupam com os seus iguais, guarnecem-se com suas próprias realidades, vivenciam o momento carnavalesco segundo os princípios de suas diferentes formas de ser e de estar em sociedade. Portanto, mesmo no carnaval, não se diluem as diferenças.

Assim, indagando-se sobre as formas de integração do diferente (o estrangeiro, o migrante, o negro), o Ocidente não consegue esconder, já nos modos como formula a questão, que só concebe a diferença como um “diferencial”, isto é, como algo a ser integrado de cima para baixo no funcionamento de um sistema de valores que se impôs na História pela força de sua capacidade de acumulação (o capital) e de suas realizações tecnocientíficas. Ou seja, toda diferença na modernidade contemporânea só se interpreta como “diferença de valor, logo como hierarquia explícita (sociedades tradicionais) e implícita (sociedades modernas, que vivem sob um céu de valores individualistas e igualitaristas)” (Targuieff, 1988, p. 17 citado por Sodré, 2004, p. 181).

Façamos, pois, leituras possíveis de representações raciais e culturais materializadas por estruturas discursivas em linguagem verbal e em linguagem não verbal, veiculadas em textualizações acessíveis à recepção pelos meios de comunicação de massa, quer sejam em versos da música popular, em notícias de jornais ou em imagens televisivas, a partir das quais são potencializados e popularizados juízos e comportamentos .

Representações discursivas verbais na música popular

Pra que discutir com madame ?

Autoria de Janet de Almeida e Haroldo Barbosa, 1945. (Em: Dicionário Cravo Albin da Música popular brasileira. Disponível em: http://dicionariompb.com.br. Acesso em 19/11/2016.

O título do poema musical suscita hipóteses interpretativas relacionadas ao sentido do signo “madame”, associando-o a uma personagem cujo lugar de fala se relaciona a outros sentidos que traduzem poder hierárquico, relações entre superiores e subalternos. A expressão “discutir com madame” com entonação interrogativa induz à ideia de denegação, à exteriorização de valores menos individuais que sociais e à recusa de um diálogo que se deduz ser infrutífero no decorrer dos versos. Na primeira estrofe, reforça-se a representação de uma unilateralidade centralizadora, por meio da reiteração do signo verbal “dizer” de entonação afirmativa, em “Madame diz que a raça não melhora/ Madame diz que o samba tem pecado/ […] Madame diz que o samba tem cachaça, mistura de raça, mistura de cor/ Madame diz que o samba democrata é musica barata sem nenhum valor/ Vive dizendo que samba é vexame. Nesses dizeres, frutos de um imaginário social construído com base em valores hierárquicos, conforme refletimos anteriormente, flagra-se, também, o acontecimento, segundo um dos postulados da análise de discurso, ancorada na relação da estrutura da palavra com suas significações e sua irradiação, seu lastro no tecido social. Portanto, uma personagem prestigiada, uma madame, a patroa, (antítese da empregada, de uma serviçal), em uma sociedade marcada pela meritocracia e pelos valores de mercado, tem uma voz acusatória, uma fala pretensamente indiscutível, assim como se apresenta representante de uma classe pretensamente superior.

Discutamos, então… Em que parâmetros se pautam suas acusações? Pode-se remeter aos sentidos possíveis do verso a seguir: “Madame diz que o samba democrata é musica barata sem nenhum valor.” Colocando-se em destaque o signo democrata, vê-se que este está empregado em sentido pejorativo, levando-se em conta o plano enunciativo da sentença. Ao qualificar o samba democrata, o enunciador (uma voz de uma classe), emite juízos de valor que expressam, de modo explícito, o sentido de democracia que deseja transmitir ao receptor. Magistralmente, o poeta constrói um enunciador conservador que revela idiossincrasias, como já foi dito, muito mais de um grupo do que de um indivíduo, caracterizando-os (o grupo e o indivíduo) por meio da linguagem, ao colocar em sua fala fórmulas discursivas, ou sejam, sínteses conceituais esclarecedoras dos jogos de poder da linguagem, mas que, na letra do samba, serão refutadas na segunda estrofe.

As fórmulas discursivas são objeto de estudo da análise de discurso e, segundo Motta e Salgado (2011)

Se pensarmos que toda síntese recobre articulações forjando uma unidade complexa, heterogênea, híbrida, entenderemos que fórmulas como slogans, ditados e frases feitas, entre outras, embora pareçam ser territórios de apaziguamento, são, ao contrário, posicionamentos que denunciam a rede de disputas em que se inserem e de que revelam. […] Todo dizer é um movimento e, quando cristalizado, faz-se nó de uma rede – não um ponto final, não um ponto isolado, mas ponto nevrálgico, lugar estratégico na dinâmica histórica que o institui e salienta. E tal “saliência” tem a ver com as polêmicas em foco numa dada comunidade discursiva, com as crenças que as sustentam, com os discursos que as alimentam e que podem também transformá-las. Assim é que toda fórmula discursiva comporta uma densidade histórica que se presentifica na sua circulação, apoiada em pré-construídos e voltada a novas construções. (p.1)

A segunda estrofe é uma resposta irônica à sentença que enseja uma ordem impositiva, igualmente em tom de ironia, enunciada na primeira: “Vamos acabar com o samba, madame não gosta que ninguém sambe”. A ironia se consuma com a evocação aos sentidos do “carnaval”, e do “bloco de morro” relacionados aos sentidos de “cantar ópera” e “cantando concerto”. Prossegue a crítica com o juízo do enunciador dirigido ao discurso conservador: “Madame tem um parafuso a menos/ Só fala veneno meu Deus que horror/ O samba brasileiro democrata/ Brasileiro na batata é que tem valor.” O sentido da expressão “samba brasileiro democrata” é alterado, relativamente ao da primeira estrofe e neste novo sentido a ideia de democracia se justifica como inclusão, diversidade, diálogo, multiplicidade, legitimidade e outros valores que contemplam a complexidade da formação do povo brasileiro. A recepção dessa música, desde o ano de sua criação, 1945, tem sido notável. João Gilberto fez apresentações em festivais fora do Brasil, notadamente no festival de jazz de Montreaux, gravou-a em disco, ao vivo, em Tokyo , além de outras regravações feitas no Brasil. A cantora Teresa Cristina e o cantor Diogo Nogueira também contribuem para manter a atualidade desses versos musicais com suas gravações.

Para concluir a leitura do poema musical de Janet de Almeida, importa analisar a maneira como foi feita a menção à raça no primeiro verso da primeira estrofe: “a raça não melhora”. Nas visões contemporâneas orientadas pelas ciências humanas, raça é construção social, epíteto, nesse contexto poético-musical de grupo de negros. Na percepção dos estudos do racismo estrutural, é um referente naturalizado pela sociedade de valoração constrangedora apontado para os negros. Seus sentidos gravitam em discursos, a maior parte deles, que distinguem um “outro” de cor de pele diferente da pele branca; historicamente identificado como nascido ou criado fora das esferas hegemônicas de poder; como sobrevivente de sistemas políticos e sociais opressores; como marcado por ocorrências discriminatórias diversas. É possível afirmar que construções textuais que referenciam tais diferenciações, facilmente, aprofundam relações de superioridade entre indivíduos e grupos.

Ainda segundo Sodré (2004)

As representações (em sentido lato, englobando teorias e discursos) são fundamentais na questão do relacionamento com a alteridade, porque fornecem o quadro de mediação entre um sujeito e o outro. A apreensão da identidade própria e do outro passa por mecanismos perceptivos, estruturados pelas representações, que constituem o psiquismo do sujeito. Os estigmas do outro, manejados pela percepção racista, originam-se em representações socialmente construídas. (p.184)

Uma pesquisa coordenada por Teun A. van Djik resultou em publicação de artigos que dão conta de expor estudos acerca de racismo e discurso na América Latina. Nesse livro, intitulado Racismo e discurso na América Latina de 2015, podem ser lidos os resultados das investigações de pesquisadores de oito países latino-americanos, tais como a Argentina, o Brasil, o Chile, A Colômbia, a Guatemala, o México, o Peru e a Venezuela. O coordenador declara que dentre seus objetivos está a percepção de um histórico racismo contra indígenas e pessoas de descendência africana, constituindo-se esse comportamento racista um grande problema social. Segundo ele, os europeus brancos que vieram para o continente americano, seguiram os passos de seus concidadãos e implantaram a dominação e a supremacia de seu grupo étnico. “Nesse sistema de dominação, os não europeus (Outros) foram sistematicamente segregados e tratados como inferiores, uma ideologia que serviu como legitimação da escravidão, da exploração e da marginalização” (p.11). Especificamente, no que concerne ao binômio discurso e racismo, van Dijk (2015) pontua que este também é resultado das interações nas sociedades multiétnicas.

Já que o racismo não é inato, mas aprendido, deve haver meios para esse processo de aquisição ideológica e prática. As pessoas aprendem a ser racistas com seus pais, seus pares, (que também aprendem com seus pais), na escola, com a comunicação de massa, do mesmo modo que com a observação diária e a interação nas sociedades multiétnicas. Esse processo de aprendizagem é amplamente discursivo, isto é, baseado na conversação e no contar de histórias diárias, nos livros, na literatura, no cinema, nos artigos de jornal, nos programas de tv, nos estudos científicos, entre outros. Muitas práticas de racismo cotidiano, tais como as formas de discriminação, podem até certo ponto ser aprendidas pela observação e imitação, mas até mesmo estas precisam ser explicadas, legitimadas ou sustentadas discursivamente de outro modo. Em outras palavras, a maioria dos membros dos grupos dominantes aprende a ser racista devido às formas de texto e de fala numa ampla variedade de eventos comunicativos. A maior parte do que os grupos dominantes brancos “sabem” ou acreditam sobre etnia dos Outros foi, portanto, formulada, mais ou menos explicitamente, em inúmeras conversações, histórias, reportagens de jornais, livros didáticos e discurso político. É também sobre essa base que as pessoas formam suas próprias opiniões e atitudes, e, a menos que haja boas razões para desviar do consenso do grupo, a maior parte dos membros reproduzirá o status quo étnico e adquirirá as ideologias dominantes que os legitime. Nota-se, entretanto, que esse processo não é automático nem determinante: cada membro de um grupo específico tem uma relativa liberdade de ignorar parcial ou totalmente as mensagens dominantes ou suas ideologias subjacentes e formar opiniões alternativas, procurar diferentes atitudes entre os grupos de resistência, desenvolvendo, portanto, uma ideologia alternativa, não racista e antirracista. (p.15)

Na introdução do livro, o pesquisador reflete acerca dos modos pelos quais o racismo é operado por meio de textos e conversas, em cada um daqueles países da América Latina e conclui que os discursos políticos oficiais sobre as populações indígenas são discursos racistas e recaem de maneira severa sobre as mesmas, principalmente, onde estas formam amplas maiorias ou minorias. A respeito do Brasil, compara-se a discriminação dos homens de origem africana aos originários das populações indígenas. “Os primeiros são discriminados discursivamente de várias maneiras, especialmente também em termos de delinquência, mas geralmente reconhecidos como parte da sociedade.”

As populações indígenas costumam ser simplesmente ignoradas ou associadas com distância geográfica e atraso ou primitivismo, como se vivessem em “outro tempo”, consideradas até mesmo uma raça “menor” em certos livros didáticos e conversas racistas. (p.24)

Representações Discursivas na Mídia Jornalística

Reprodução de racismo

A cena acima esteve nos meios de comunicação de massa durante um tempo considerável, foi veiculada tanto nos jornais convencionais quanto nos suplementos editados na Internet e nas emissoras de televisão. Trata-se do flagrante ataque com ofensa racista a um goleiro no estádio de futebol. Naquela ocasião, o grupo imenso de torcedores formou um coro que desferiu as ofensas. A torcedora foi enquadrada nas câmeras de uma emissora de tv e daí por diante passou a ser uma personagem da agenda midiática, protagonizando narrativas jornalísticas relacionadas ao racismo.

‘Não sou racista’, diz Patrícia Moreira, que pede ‘perdão’ a goleiro Aranha.

Torcedora foi flagrada chamando o goleiro Aranha, do Santos, de macaco.
Polícia investiga como caso de injúria racial; jovem depôs na quinta.

Pouco mais de uma semana após ser flagrada pela TV chamando o goleiro Aranha, do Santos, de macaco, Patrícia Moreira quebrou o silêncio e concedeu entrevista coletiva nesta sexta-feira (5), em Porto Alegre. Chorando muito, ela pediu desculpas ao jogador e ao Grêmio. Foi a primeira manifestação oficial dela após o caso. Acompanhada do advogado, a gremista chegou por volta das 12h15 ao local. “Perdão de coração. Eu não sou racista. Perdão. Perdão. Peço desculpas. Aquela palavra macaco não foi racismo de minha parte, foi no calor do jogo. O Grêmio estava perdendo”.

(Disponível em: globo.com/rs/rio-grande-do-sul/noticia/ 2014/09. Acesso em 19/11/2016)

Essa situação de duplicação de discurso pode ser lida de acordo com o que van Dijk reflete a respeito do papel das elites simbólicas.

Se o racismo é amplamente aprendido e reproduzido pelo discurso dominante, e se tal discurso é amplamente acessível apenas por tais elites simbólicas, como os políticos, jornalistas, escritores, professores e pesquisadores, todos de raça branca, devemos concluir que a forma contemporânea mais eminente de racismo são as elites simbólicas brancas. Isso pode parecer contraditório quando assumimos que é precisamente essa elite que geralmente se autodefine como a mais liberal, a mais progressista, a mais cosmopolita e a mais antipreconceituosa.(p.16)

Revendo a argumentação de Sodré (2004), penso ser apropriado um diálogo com as visões discursivas expressas anteriormente. O sociólogo da Informação trata de “comunidade racista”, de “virtudes civilizatórias brancas”, de “consciência racista individual”, de “grupo histérico” e de “grupo colonial interno”. Todas essas formas discursivas fazem parte do esforço intelectual de construção de estruturas de linguagem que possam dar conta do entendimento dos fenômenos relacionados à complexidade das relações raciais e suas elaborações representativas, tanto simbólicas quanto materiais. Assim, uma comunidade racista se nutre da memória afetiva das virtudes civilizatórias brancas. Suas referências são as experiências coloniais dos países europeus, mantidas nas vozes que se atualizam em livros, filmes, monumentos, museus, relatos escritos e orais, vozes que sussurram aos indivíduos uma suposta verdade da “raça”. O desdobramento desse argumento vai ao encontro dos sentidos atribuídos à expressão consciência racista individual, assemelhada ao que a psicanálise denomina de grupo histérico que, por sua vez, fantasia, inconscientemente, integrar uma coletividade com a qual se identifica. Essa coletividade com a qual o histérico se identifica, “assume, no caso do racismo, a figura de um grupo colonial interno, recortado na História, que serve à ocultação da presença do diferente da identidade própria.” (p. 185)

A despeito de todo o mal estar enfocado até aqui, deve-se reconhecer que é histórico, no Brasil, a resistência aos modelos discriminatórios de relações interpessoais, destacando-se os ataques aos mitos da cordialidade entre superiores e subalternos na esfera social e à democracia racial no âmbito das relações inter-raciais. Silva e Rosemberg (2015) recordam que o mito da democracia racial é questionado desde os anos 1950, embora se reconheça o final da década de 1970, como o período de maior visibilidade do ativismo, empenhado em apontar as desigualdades raciais no que concerne ao acesso a bens materiais e simbólicos, a interpretar tais desigualdades como expressões do racismo estrutural e ideológico e a propor políticas para suplantá-las.

O termo “racismo” foi introduzido no Brasil apenas no final dos anos 1970, período em que se constitui nova organização do movimento negro: o Movimento Negro Unificado. […] A partir do final dos anos 1990, articulou-se um forte movimento de reivindicação por políticas de ação afirmativa para negros (e indígenas). A administração Luiz Inácio Lula da Silva criou, pela primeira vez, uma Secretaria especial de Promoção da Igualdade Racial com estatuto de ministério. (p.79).

No referido artigo, Silva e Rosemberg discutem o lugar do negro e do branco na mídia, tratando de literatura, de imprensa, livro didático, cinema, literatura infantojuvenil e televisão. As sínteses expostas nos quadros com os resultados das análises mostram um retrato dos cidadãos negros brasileiros ainda pintado com traços estereotipados. “A relativa continuidade histórica das fontes permite apreender a permanência, em jornais contemporâneos, de estereótipos detectados nos jornais do século XIX (Schwarcz, 1987).”

Lição de resistência

Em ato realizado no centro da cidade para lembrar a abolição da escravidão, militantes reivindicam a adoção de cotas raciais na USP. No dia 20/06, haverá outra manifestação em frente à Reitoria (foto: Comitê Contra o Genocídio da População Negra)

A imagem acima foi veiculada nos principais jornais das cidades do Rio de Janeiro e de São Paulo, em 2014, quando se debatia e se polemizava sobre a adoção das cotas raciais nas universidades, nos concursos públicos e em escolas federais. Essa medida já estava em vigor em um número considerável de instituições públicas, mas as opiniões divergiam, como ainda divergem até os dias de hoje, não somente entre os brancos, mas também entre os negros. Apesar das dissensões, no entanto, essa ação afirmativa continua sendo a medida que melhor oportunizou ao jovem brasileiro, negro, estudante de escola pública uma relativa, mas segura promoção. Foram derrubados os argumentos quanto à impossibilidade de sua permanência e conclusão, propiciadas, sem dúvida, por estratégias de acesso a bolsas, auxílios, integração em grupos de pesquisa, participação em projetos de Iniciação Científica, submissão para conquista de estudos fora do país, como no caso do programa Ciência sem Fronteira e outros programas de pós-graduação no exterior. Relativamente à adoção de cotas raciais, Silva e Rosemberg (2015) levantaram destaques da imprensa que, como previsível, retrataram o conservadorismo de um jornalismo indiferente à promoção de pessoas quaisquer que sejam, muito mais indiferente e descompromissada em se tratando de pessoas negras.

Borges (2003) efetuou uma análise de matérias publicadas no jornal Folha de São Paulo , durante 2003, relativas ao debate sobre cotas para negros no ensino superior. A conclusão da autora foi a de que os editoriais que tratam da proposta de cotas são guardiães do mito da democracia racial. (Borges, 2003: 252): “Com um tom marcadamente de crítica, esses editoriais avaliam as políticas de cotas, realçam as distorções que elas provocam e deixam um ensinamento: a saída para as desigualdades ‘sociais’ na educação e a escola pública de qualidade para todos” (Borges, 2003:246).

Nos dias atuais, são dignos de destaque um número significativo de ações e de publicações referentes ao combate de discursos racistas e suas práticas cotidianas no meio social. Cito como exemplo duas dessas iniciativas.

A criação dos NEABIS: Núcleos de estudos afro-brasileiros e indígenas.

A circulação do Dossiê Mulheres Negras, do IPEA, disponível na Internet:

retrato das condições de vida das mulheres negras no Brasil, organizado por Mariana Mazzini Marcondes, Luana Pinheiro, Cristina Queiroz, Ana Carolina Querino e Danielle Valverde.

Tenho a impressão de que a insistência em se formular leituras e construções discursivas cada vez mais globalizantes propiciam a permanência do histórico modelo de superioridade, que, nos dias de hoje, já deveria estar esvaziado, por ser ridículo e sem outro fundamento a não ser o da exploração.

O modelo europeizado e americanizado de sociedade, branco, masculino e farto de bens materiais industrializados, sem sombra de dúvida, provoca instabilidade, à medida que bens materiais se tornam objeto de desejo. Então, parece, que quem não os possui passa a não se empenhar para conquistar todas as outras espécies de bens – como o conhecimento dos fenômenos, a criação artística, a apropriação dos significados simbólicos, a compreensão da justiça –, enquanto não alcançar aqueles bens materiais. Essa instabilidade afeta a atenção que deveria ser dedicada aos bens afetivos, à pluralidade dos bens culturais, à herança dos valores sociais.

Finalmente, creio que o ato de reforçar o olhar para a compreensão das matrizes africanas e suas representações atuais, selecionadas e interpretadas por nós mesmos, é uma hipótese que pode render melhor proveito na nossa luta para sermos representados de maneira não estereotipada, nem por meio de conceitos conotativos de inferioridade. Precisamos nos representar.

Fico eu pensando no modo poético que   Ondjaki (2012) escritor angolano que vive no Rio de Janeiro, concebeu para expressar a complexidade do mundo, fixando o olhar de seus personagens nas criações e nas traduções de um fértil quintal.

A Isaura dá nomes de presidentes aos bichos do quintal dela, e porque são muitos bichos, ela sabe muitos nomes de presidentes. Podem ser nomes também de alguns que já morreram ou mesmo outros que não foram presidentes mas pessoas assim importantes.

O gato dela se chama Ghandi, acho que era um senhor tipo indiano ou o quê. O cão se chama Amílcar Cabral. A lesma é Senghor, os gafanhotos são Samora, Mobutu, Khadafi, os sapos se chamam Raúl e Fidel. Parece que também deu nome aos passarinhos mas nunca consegui decorar a lista toda.

Agora é que me lembrei, há um papagaio chamado Joâo Paulo Terceiro, filho do falecido jacó João Paulo Segundo que tinha morrido na boca do próprio Ghandi. É que o Ghandi, antes não se chamava Ghandi se chamava Tátecher! Só depois de comer os papagaios é que lhe cortaram os tímbalos e ficou mais calmo a miar devagarinho e a não arranhar ninguém. […] ( 2012, p. 15-16)

REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS

DIJK, Teun A. van. Racismo e discurso na América Latina. Traduzido por Fernando de Moraes Gebra. São Paulo: Contexto, 2015, p.7-24

MOTTA, Ana Raquel e SALGADO, Luciana. (Organizadoras). Fórmulas discursivas. São Paulo: Contexto, 2011.

ONDJAKI. A bicicleta que tinha bigodes. Rio de Janeiro: Pallas, 2012.

SILVA, Paulo Vinícius Baptista da e ROSEMBERG, Fúlvia. Brasil: lugares de negros e brancos na mídia. Em: DIJK, Teun A. van. (Organizador). Racismo e discurso na América Latina. São Paulo: Contexto, 2015, p. 73-112.

SODRÉ, Muniz. A abominação do outro. Em: HOHLFELDT, Antonio e GOBBI, Maria Cristina. (Organizadores). Teoria da Comunicação:antologia de pesquisadores brasileiros. Porto Alegre: Sulina, 2004.p. 179-200.

STAM, Robert. Bakhtin: da teoria literária à cultura de massa. Tradução de Heloísa Jahn. São Paulo: Ática, 2000.

Sob a nevoa da crise

AUTOR: Maria Hermínia Tavares de Almeida, professora Titular de Ciência Política da Universidade de São Paulo e pesquisadora senior do Centro Brasileiro de Análise e Planejamento-CEBRAP

 

Este artigo trata da crise política que engolfou o Brasil, no período recente, encerrando quase duas décadas de prosperidade, moderado crescimento econômico e significativo progresso social.

Não se trata de tarefa fácil pela complexidade da crise e por não ter ela ainda um fim à vista.

Os cientistas sociais não possuem instrumentos para analisar processos em cursos, muito menos para prever seu desenlace. Atuando sobre condições que lhes são dadas — e sobre as quais quase nunca têm informação completa –, os seres humanos a elas reagem em função da maneira como interpretam a situação, a luz seus conhecimentos, interesses, valores, crenças e objetivos e das oportunidades que lhes parecem abertas. Agem estrategicamente em função de seus desígnios e do que imaginam possa ser o comportamento dos outros envolvidos. Ao fazê-lo, vão abrindo caminhos possíveis e fechando outros, de uma forma que é impossível prever de antemão. O resultado, embora dependente da ação humana, quase sempre surpreende os envolvidos e analistas contemporâneos. Afinal, como observou Adam Ferguson, no século XVIII, a história é produto da ação humana e não dos desígnios humanos[1].

Assim, tudo que se diz neste artigo padece inevitavelmente da ausência de perspectiva adequada que só o passar do tempo pode proporcionar.

A crise atual resulta de três fenômenos que tem determinantes próprios mas que, ao coincidir no tempo, interagiram multiplicando seus efeitos explosivos e produziram o que o cientista político Marcus Melo caracterizou como tempestade perfeita. São eles: A Operação Lava-Jato, que apura crimes de corrupção envolvendo as maiores construtoras brasileiras e partidos e líderes partidários do governo e da oposição; dificuldades econômicas que, enfrentadas com políticas inadequadas, se transformaram em gigantesca crise fiscal e recessão; e uma crise de governo consubstanciada na perda de controle da Presidente da República sobre sua base parlamentar no Congresso.

No que se segue, tratamos de reconstituir esse processo complexo, pondo o foco na dimensão política da crise. Deixamos em segundo plano, a discussão sobre a Operação Lava-Jato[2] e sobre a crise econômica, ambas objeto de intensa controvérsia e muitas análises interessantes[3].

ANTES DA CHUVA

Durante cerca de duas décadas, de 1995 a 2013, o Brasil viveu um período de notável estabilidade democrática e significativa melhoria de seus principais indicadores sociais.

Entretanto, os dez primeiros anos de governo civil, depois de vinte anos de regime autoritário e governo militar (1964-1984), não haviam sido fáceis. Hiperinflação e dívida externa bloquearam o crescimento e mergulharam o país em uma crise econômica de grandes proporções e cuja saída dependia de um sistema político que parecia aprisionado na trama de interesses miúdos. Não estava claro que a Constituição, promulgada em 1988, oferecesse um bom caminho institucional. Ao contrário, ela parecia promover a fragmentação política e multiplicar pontos de veto a dificultar a construção de soluções minimamente consensuais para a crise econômica que só fazia complicar-se. O primeiro presidente eleito pelos brasileiros desde 1961, Fernando Collor de Mello, acusado de corrupção, renunciou, em dezembro de 1992 — menos de dois anos depois de empossado– para evitar que o Congresso votasse seu impeachment. Nove em cada dez analistas faziam previsões sombrias sobre o futuro da democracia brasileira, que viam condenada a crises de governabilidade favorecidas pelo que consideravam como escolhas institucionais desastradas.

Os vaticínios mais pessimistas não se materializaram. O sistema político processou a crise do impeachment de Collor e permitiu a consolidação de um arranjo pluralista bastante estável e previsível.

Do ponto de vista da arquitetura institucional, esse mecanismo assumiu a forma do chamado presidencialismo de coalizão, cuja pedra de toque foi a capacidade de coordenação por parte de uma Presidência da República dotada de amplos poderes legislativos. A capacidade de coordenação sempre implicou na distribuição, entre os participantes da base do governo, de diferentes tipos de recursos lícitos e ilícitos. Mas, não só deles: a capacidade de negociação da Presidência foi também central[4].

Do ponto de vista do jogo político, esse mecanismo se sustentou em competição eleitoral centrípeta entre duas coalizões, encabeçadas por dois partidos nacionalmente implantados — PT e PSDB – com apoio de um grande partido de centro, o PMDB.

Mas, não se tratou nunca apenas de instituições e de uma arena eleitoral que empurravam as duas coalizões para o centro, dando incentivos à moderação. Ambas se moviam em um terreno de convergência substantiva em torno de dois objetivos: a estabilidade da moeda e o que Samuel Pessoa chamou de “contrato social da Constituição de 1988”: ou seja, o compromisso com políticas sociais universalistas e com iniciativas voltadas a redução da pobreza extrema.

Aquele compromisso expressou o que se pode chamar de cultura política da transição, ou seja, um conjunto de ideias e valores que moveram as diferentes forças políticas, estruturadas em partidos ou arregimentadas por movimentos e organizações da sociedade. Esse ideário pode ser sintetizado no forte adesão à noção de cidadania, isto é, de igualdade de direitos. Ele se plasmou na Constituição de 1988 e nas reformas institucionais que se seguiram à promulgação da Constituição, especialmente, mas não só, na reforma do sistema de proteção social.

Não por acaso, o presidente da Constituinte, deputado Ulysses Guimarães, chamou de Constituição Cidadã a Carta de 1988. A ideia de direitos universais de amplo espectro é a planta básica e a viga mestra a propiciar forma e sustentação a regras que garantiam as liberdades públicas, o direito mais amplo à organização política, eleições livres e competitivas, Ministério público e magistratura independentes e anti-majoritários, direitos sociais universais.

Um sistema político no qual são relativamente baixas as barreiras de ingresso à vida partidária e à disputa eleitoral — é muito fácil registrar um partido e fazê-lo participar de eleições, embora as possibilidades de aceder à chefia dos executivos sejam bem desiguais e dependentes de vultosos recursos — permitiu a todos os principais partidos que se formaram na oposição ao regime militar ou dele desgarraram, encabeçando ou participando de coligações eleitorais, se alternassem na Presidência ou fizessem parte do governo federal, além de controlar fatias variadas do poder estadual e municipal.

Por outro lado, o sistema de justiça, com prerrogativas ampliadas pela Constituição de 1988, tornou-se um poder mais atuante, em suas diferentes esferas de jurisdição, e com frequência funcionou como força anti-majoritária, bem como contrapeso e controle à preponderância do Executivo. Uma geração advogados, defensores públicos, promotores e juízes, filhos da Constituição de 1988, estão hoje lutando para que a máxima da igualdade de todos perante a lei se torne realidade no país. Desse grupo fazem parte os promotores e juízes da Operação Lava Jato. (Em 2015, dirigentes das principais empresas da construção pesada no país, que sem sombra de dúvida fazem parte da elite do poder, passaram o Natal e o Ano Novo, na cadeia. Lá gozam da companhia de dirigentes partidários e outros políticos proeminentes. Fato pouco comum, em qualquer lugar do mundo).

Com essas instituições e valores o país caminhou bastante na direção do que Douglass North[5] denominou sociedade de acesso aberto, na qual as instituições limitam a possibilidade da apropriação, pelas elites, de recursos de poder e de benefícios obtidos pelo acesso privilegiado às instâncias de decisão política.

De outra parte, o mesmo sistema político permitiu que consensos amadurecidos na sociedade se transformassem em políticas razoavelmente eficazes, em geral iniciadas pelo Executivo, mas apoiadas pelo Congresso. A inflação descontrolada, que corroeu a economia brasileira por uma década, foi domada pelo Plano Real, em 1994.

Uma robusta convergência em torno da estabilidade da moeda fixou limites firmes às escolhas de política econômica de sucessivos governos[6]. Um conjunto de reformas, muitas das quais demandando mudança constitucional produziram instituições econômicas mais resistentes, embora não blindadas, a impactos negativos das crises internacionais.

O amplo reconhecimento necessidade de mudar o sistema de proteção social, tornando-o mais universal e eficiente, e menos regressivo, levou à reforma progressista das grandes políticas sociais – previdência, educação, saúde, assistência social, saneamento — e à implantação de programas ambiciosos de transferência direta de renda, como a Previdência Rural universal e gratuita, o Benefício de Prestação Continuada, ambos estabelecidos pela Constituição de 1988 e Bolsa Família, cujo embrião o Bolsa Escola é de 1998. Criou-se assim um sistema de proteção social que os especialistas chamam de universalismo básico (Huber & Stephens, 2012), sistema em parte responsável pela significativa redução dos níveis de pobreza e desigualdade, pela universalização do acesso aos serviços atendimento básico de saúde, universalização do acesso à escola e aumento dos anos de escolaridade e pela expansão significativa dos estratos médios de renda, que alguns tem chamado, não sem uma dose de imprecisão conceitual, de nova classe média.

Um projeto de pesquisa de fôlego, coordenado pela cientista política Marta Arretche (2015) mostra com abundância de dados que, nos últimos 50 anos, mas especialmente no período democrático, o Brasil caminhou bastante, a ritmos e intensidades diversos, na redução de diferentes formas de desigualdade: de salários e renda, de oportunidades no mercado de trabalho, de acesso aos serviços sociais, de progressão do níveis de escolaridade, de estreitamento, mesmo que muito insuficiente, das diferenças entre gêneros e entre brasileiros de diferentes colorações. Os dados são impactantes.

Um pouco por conta desses resultados, um pouco por conta de esforços diplomáticos para aumentar a projeção internacional do país, o Brasil ingressou no bloco das nações emergentes, das potências médias ou em ascensão que, segundo os internacionalistas, podem ter algum impacto sobre o sistema internacional, quando atuam como blocos ou no interior de organizações multilaterais.

Naturalmente, não pretendemos reduzir a dimensão e gravidade dos problemas ­seculares que o país arrasta de há muito. A obtenção de bens privados mediante o uso de recursos públicos parece ser o combustível que põe em movimento as engrenagens do sistema político. É grande a promiscuidade entre políticos, burocratas e empresas privadas, como a Operação Lava Jato vem mostrando. A economia, com moeda estável, nunca conseguiu ir além de taxas de crescimento medíocres, na melhor das hipóteses (Bacha & Bonelli, 2016). Parte significativa da infraestrutura que deveria dar suporte à atividade econômica está defasada e sucateada. Grandes e ineficientes corpos estatais proveem serviços sociais universais, mas de baixa qualidade: a escola mal ensina, o posto de saúde não atende bem. A pobreza está muito longe de ter sido superada. Ela faz parte da paisagem social das cidades grandes, onde o trânsito beira o insuportável, o transporte público é deficiente, e todos temem por sua segurança pessoal. Os problemas ambientais, à espera de atenção, são do tamanho do patrimônio de recursos naturais do país.

De qualquer forma, pelo menos até o final do século XX, o Brasil viveu sob a combinação virtuosa de competição eleitoral acirrada e relativa convergência com relação a políticas governamentais tanto fiscais como sociais.

Esse terreno de convergência substantiva começou a ser erodido, já no final do governo Lula, mas muito claramente no primeiro governo Dilma, quando o compromisso com a estabilidade da moeda foi afrouxado e uma leitura particular do que ocorria na economia internacional abriu espaço para a experimentação desastrada em matéria de política econômica. Ao mesmo tempo, começaram a ficar claros os indícios de esgotamento da capacidade de o governo petista avançar ou renovar sua agenda de inclusão. Finalmente, desalojado do centro pelo movimento de moderação do Partido dos Trabalhadores, o PSDB caminhou discretamente para o centro-direita, incorporando uma agenda mais conservadora no plano dos valores, especialmente, na forma de encarar a segurança pública e os direitos das mulheres [7].

O consenso em torno da estabilidade monetária e do contrato social da Constituição de 1988, prevalecente entre as lideranças políticas e sociais bem como na opinião pública informada, foi se esgarçando e abrindo espaço para os ventos da intolerância política.

DEPOIS DE JUNHO

Em junho de 2013, o Brasil foi sacudido pela maior onda de manifestações de rua de que se tem notícia no país. As jornadas de Junho aconteceram em 120 cidades de sul a norte e, no auge dos protestos chegaram a envolver 1,5 milhão e meio de pessoas[8]. Apesar da dimensão inédita e da repercussão nacional, os protestos multitudinários não foram um acontecimento isolado. Ao contrario, parecem ter sido expressão mais intensa e visível da ativação de diferentes grupos sociais que, por se manifestar de forma pontual e em diferentes espaços, não chamaram a atenção dos meios de comunicação e dos analistas.

Mesmo carecendo de registros sistemáticos, há indícios da multiplicação de movimentos sociais urbanos antes e depois das grandes manifestações de junho: ocupações de edifícios públicos em áreas deterioradas das grandes cidades por membros do Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST), fechamento de grandes vías e estradas por grupos demandando serviços públicos para um bairro ou região, queima de ônibus e depredação de trens. De outra parte, em 2013, as greves nos setores público e privado cresceram quase 30% em relação ao ano anterior, atingindo o maior volume registrado desde 1984 (DIEESE, 2014), e desbordaram de seu núcleo tradicional – trabalhadores metalúrgicos e da construção civil, bancários e empregados em serviços públicos de educação e saúde – para setores com menos tradição de lutas como empregados da indústria de alimentação, da limpeza urbana, de serviços de segurança privada e das redes municipais de segurança pública (DIEESE, 2014:40).Um observador mais atento teria percebido uma carga de descontentamento social a ponto de explodir sob a aparente satisfação com o governo do Partido dos Trabalhadores, registrada em sucessivas pesquisas de opinião.

A chispa que detonou a revolta foi uma manifestação contra o aumento de preço dos transportes coletivos, convocada por minúscula organização de extrema esquerda –Movimento Passe Livre – que reivindicava transporte público gratuito para toda a população e que se opunha a aumento de 20 centavos no preço do bilhete de ônibus, na cidade de São Paulo. Atingidas por repressão policial desmesurada, que os principais noticiários de televisão se encarregaram de levar a casa de todos os brasileiros, na hora do jantar, as manifestações cresceram em volume e diversidade de demandas, ao tempo em que se espraiavam para outras cidades e ganhavam espaço crescente nos meios de comunicação [9].

Durante quase um mês, multidões tomaram ruas e praças com as mais diversas reivindicações ou simplesmente para expressar difuso mal estar. –“São tantas coisas, que não cabem nesse cartaz” dizia um poster feito a mão, carregado por um manifestante solitário no Rio de Janeiro. Diferentes grupos protestavam contra a violência policial ou demandavam transporte gratuito, melhores escolas e serviços de saúde, direitos para os LGTBS ou oposição a eles, enquanto agrupamentos adeptos do protesto violento – autodenominados Black Blocs – destruíam agências bancárias e lojas de automóveis de luxo. A denúncia da corrupção, vista em sua associação com práticas costumeiras de parlamentares e partidos políticos e com má qualidade dos serviços públicos, constituiu o denominador comum a unir os manifestantes.

Os partidos políticos foram rechaçados pela maioria dos participantes, mesmo quando solidários com eles. Ao mesmo tempo, brotaram movimentos pouco ou nada conhecidos até aquela data, caracterizados por frágil estrutura organizativa e forte inserção nas redes sociais[10]. Eles animaram as manifestações multitudinárias, impulsionadas tanto pela sua convocação quanto pela influencia dos meios de comunicação de massa, especialmente a televisão de canal aberto.

Nas ruas, se encontraram movimentos e pessoas de diferentes orientações políticas, da direita à esquerda, embora esses últimos parecessem predominar[11].

As jornadas de junho e julho provocaram, em um mês, queda dos índices de aprovação do governo de Dilma Rousseff de mais de 30 pontos percentuais.

O grande mal estar social revelado nas ruas não teve impacto direto sobre as eleições gerais de 2014, quando foram escolhidos presidente, governadores, membros da Câmara e Senado Federais e das assembleias estaduais. Como vinha ocorrendo desde 1994, o processo eleitoral continuou organizado em torno da disputa entre a coalizão de centro-esquerda, encabeçada pelo Partido dos Trabalhadores (PT) e a coalizão de centro-direita liderada pelo Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), com uma terceira força aglutinada em torno da candidata ambientalista Marina Silva (Almeida, 2016).

Entretanto, As diferentes leituras das manifestações de Junho-julho de 2013, as divergências em matéria de política econômica, os primeiros resultados da Operação Lava Jato e os sinais claros de esgotamento do ciclo petista transformaram as eleições de 2014 em um certame particularmente crispado e polarizado. Dilma Rousseff elegeu-se por pequena margem de votos, em segundo turno.

A primeira vítima da crispação da disputa eleitoral foi Marina Silva, destruída pela campanha especialmente agressiva de Dilma Rousseff. Mas a vítima principal foi a possibilidade de entendimento pós-eleitoral, entre governo e oposição em torno de uma agenda de política econômica capaz de lidar com a crise, àquela altura bem visível, e de sintonizar o país com as novas circunstâncias internacionais, nas quais a China já não exercia o mesmo efeito propulsor que tivera na primeira década do século XXI, ao absorver vorazmente as commodities brasileiras e de outros países em desenvolvimento.

No período pós-eleitoral instalou-se o que a historiadora pop Barbara Tuchman chamou de marcha da insensatez – “a impotência da razão ante os apelos da cobiça, da ambição egoísta e da covardia moral”, ou como preferem os cientistas políticos, uma situação na qual atores racionais, agindo sem coordenação em busca ganhos máximos, acabam por produzir um desastre coletivo.

Setores dominantes dentro do PSDB, desde o primeiro dia, apostaram na possibilidade do impeachment de Dilma, mesmo sem provas materiais de seu envolvimento nos esquemas de corrupção que a Operação Lava Jato ia revelando. O mesmo caminho foi adotado pelo veículos mais conservadores da grande imprensa. O governo achou que não precisava conversar com a oposição. O PT houve por bem bombardear a política econômica de sua presidente, como se houvesse uma alternativa doce ao ajuste fiscal amargo, que ela era forçada a propor diante da debacle econômica que se anunciava. A Câmara, abandonada a suas forças profundas, elegeu para dirigir a casa, contra o PT, o controverso Eduardo Cunha, deputado do PMDB membro da coalizão de governo mas inimigo da presidente, e que não perdeu oportunidade de usar todo tipo de pressão para atingir seus fins obscuros.

Em março de 2015, as manifestações de rua voltaram. Agora para protestar contra o governo recém eleito e contra os escândalos de corrupção revelados pela Operação Lava Jato, a envolver dirigentes do PT e de partidos de sua coalização de governo em negócios escusos entre as grandes empresas de obras públicas e a Petrobrás, empresa pública de petróleo e símbolo do desenvolvimento nacional.

Iniciava-se uma nova onda de protestos multitudinários que se repetiria em abril e agosto e em março de 2016, nas capitais de estados e principais cidades brasileiras.

Ao contrário do que ocorrera em 2013, as manifestações de 2015 e 2016 faziam oposição clara e raivosa à presidente e ao Partido dos Trabalhadores e clamavam crescentemente pelo impeachment de Dilma Rousseff. Os principais grupos que as convocaram– Movimento Brasil Livre, Vem prá Rua, Movimento Endireita Brasil y Revoltados on Line — eram declaradamente de direita, mais ou menos liberal, ainda que os que atenderam a sua convocação fossem mais diversos em suas inclinações políticas. Nas ruas, misturavam-se grupúsculos de extrema direita partidários de um governo militar, pessoas de centro ou apenas desencantados com o governo do PT. Vestiam as cores da bandeira brasileira, como se estivessem tomando para si a representação na nação. As demandas por melhores serviços públicos e políticas sociais desapareceram dos cartazes dos que queriam derrubar o governo[12].

Una vez mais, a convocação pelas redes sociais e sua repercussão na mídia tradicional — televisão, imprensa diária, rádio – foram instrumentos decisivos para multiplicar o número de manifestantes.

Fora das ruas, nas casas de moradores de altos e médios ingressos, as manifestações tomavam a forma de panelaços e buzinaços, sempre que a presidente ou seu partido falavam em cadeia nacional de televisão.

Em reação, cidadãos e grupos fiéis ao governo também tomaram os espaços públicos, em março e dezembro de 2015 e abril de 2016, convocados por sindicatos, pela Central Unica de Trabalhadores, bem como por organizações sociais vinculadas ou simpáticas ao Partido dos Trabalhadores (Movimento dos Trabalhadores Sem Terra, Movimento dos trabalhadores Sem Teto). Entretanto, no final, feitas as contas, a presidente foi derrotada na batalha das ruas.

O sentimento antigoverno foi alimentado também pelo desenrolar da Operação Lava-Jato que ia revelando para a imprensa – muitas vezes de maneira que feria direitos dos investigados — detalhes do conluio entre lideranças do PT e outros partidos da coalizão de governo e as grandes empreiteiras de obras públicas que recebiam contratos milionários e, em troca, alimentavam campanhas eleitorais, o caixa dos partidos e as contas privadas de muitos dos políticos envolvidos.

Além de perder nas ruas, a presidente foi perdendo também a capacidade de coordenar sua coalizão no Congresso, o apoio dos partidos aliados ao PT e, em consequência, a possibilidade de continuar governando. Muitas foram as razões para que isso ocorresse. Entretanto, parece claro que os gigantescos protestos antigovernamentais foram importantes para convencer os líderes mais moderados do PSDB[13] bem como os partidos de centro e centro-direita que participavam governo Dilma Rousseff a caminhassem rumo ao impeachment.

Em abril de 2016, a Câmara Federal votou a admissibilidade do pedido de impeachment, afastando provisoriamente a presidente e, em agosto, o Senado votou por ampla margem seu impedimento.

O vice-presidente Michel Temer passou a ocupar a cadeira de Dilma Rousseff encerrando um período de treze anos nos quais o governo federal esteve sob controle do PT e inaugurando uma fase de grande incerteza quanto ao futuro o país.

 

SOB NEVOEIRO, AINDA

Pela segunda vez, em pouco mais de duas décadas um impeachment interrompeu o mandato presidencial. Mas, ao contrário do que ocorreu quando o presidente Fernando Collor de Mello foi apeado do poder por procedimento previsto na Constituição[14], no caso presente as opiniões sobre a legalidade e legitimidade do processo que destituiu Dilma Rousseff estiveram e estão muito mais divididas[15]. É uma controvérsia real, que cinde a sociedade, as lideranças políticas e a opinião pública educada e que nenhuma análise acadêmica é capaz de dirimir.

Com a Operação Lava Jato em plena marcha não é possível prever o que será do governo Temer e o que restará da elite política nos próximos anos.

Há quem acredite que o Brasil vive uma crise profunda de seus sistema político e do próprio regime democrático.

Não cabe dúvida que o regime político brasileiro que era visto, por analistas dentro e fora do país, como exemplo bem sucedido de democracia de massas, saiu com sua imagem arranhada. De exemplo de estabilidade e capacidade de produzir progresso social, o sistema democrático do Brasil passou a ser um dos casos de “crise presidencial” (Perez-Liñan, 2007).

Por outro lado, o regime dá sinais de vitalidade: o funcionamento independente do sistema de justiça, a autonomia e diversidade da imprensa, a multiplicação de grupos da sociedade com capacidade de mobilização autônoma.

Tampouco parece evidente que o presidencialismo de coalizão esteja em crise. Com Dilma Rousseff a presidência perdeu a capacidade de coordenação e de negociação, dois elementos necessários para azeitar e por em marcha o mecanismo desta forma peculiar de sistema presidencial. Entretanto, ele tem permitido que medidas complexas de interesse do novo governo sejam votadas e aprovadas. Apesar da legitimidade presidencial contestada, da desconfiança da opinião pública com relação ao presidente Michel Temer e do fogo cerrado da Operação Lava Jato, que já levou à demissão de um bom número de ministros por suspeita de corrupção.

A crise política parece ter seu foco no sistema de partidos.

É pouco provável que a competição eleitoral nacional continue a se estruturar em torno da disputa PT versus PSDB. O PT pode encolher muito em termos nacionais, em 2018. As eleições municipais devastaram suas bases eleitorais em municípios de todos os tamanhos, em todo território do país. Tampouco é possível prever o impacto da Operação Lava Jato sobre as principais lideranças do PSDB, as principais delas já sob suspeita.

De toda forma, redução à irrelevância do PT alterará completamente os termos da competição política. Em 2018, pode-se repetir a competição pulverizada que caracterizou a primeira eleição depois da saída dos militares, abrindo espaço a lideranças de tipo populista, dispostas a surfar nos anseios persistentes de participação e inclusão, que o PT encarnou e que continuam tão fortes quanto os problemas sociais que os sustentam.

Partidos não se improvisam, levam tempo para se firmar como estrutura e na cabeça dos eleitores. E os partidos que podem ser levados de roldão, na crise presente, foram os protagonistas da transição democrática e portadores das múltiplas aspirações que com ela afloraram. Se isto ocorrer estaremos em um admirável mundo novo.

BIBLIOGRAFIA

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TABAGIBA, L. 2014. “1984, 1992 e 2013. Sobre ciclos de protestos e democracia no Brasil”, Politica & Sociedade, v.13, n.18, Setembro-dezembro, https://periodicos.ufsc.br/index.php/politica/article/view/2175-7984.2014v13n28p35

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NOTAS

[1] “t[historys is] he result of human action, but not the execution of any human design”, Ferguson Adam, “Essay on History of Civil Society”, http://oll.libertyfund.org/titles/ferguson-an-essay-on-the-history-of-civil-society

[2] Boas descrições uma favorável e outra crítica à ação dos promotores de justiça e juízes que desencadearam a operação estão, respectivamente, em Netto (2016) e Moreira Leite (2016).

[3] Sobre a política econômica da era petista e a crise recente ver o ótimo relato de Safatle, Borges & Oliveira (2016)

[4] Em seus diários o ex-presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2001) ilustra com abundância de detalhes o tempo enorme que, como presidente, ele despendia conversando e negociando com sua base de apoio no Congresso. (Cardoso: 2015).

[5] North, Wallis & Weingast (2009)

[6] Esse resultado virtuoso não eliminou os debates e conflitos entre aqueles que acreditavam que a estabilidade devia ser mantida a qualquer preço e os que estavam dispostos a tolerar um pouco de inflação se a contrapartida fosse crescimento e redistribuição. Ver Safatle, Borges e Oliveira (2016).

[7] As lideranças que hoje dão o tom no PSDB – bem como seus parlamentaresm—são bem mais conservadores do que as lideranças que fundaram o partido: André Franco Montoro, Mario Covas e Fernando Henrique Cardoso.

[8] Para uma interpretação do movimento ver Nobre (2014) e Bucci (2016).

[9] A manifestação na capital do país foi televisionada ao vivo pelo principal canal de TV aberta.O mesmo ocorreu com o maior protesto feito em São Paulo, no dia 20 de junho. O mesmo fizeram as principais estações de radio especializadas em noticias.

[10] Entre os movimentos que convocaram para as manigfestações por meio de redes sociais e outros dispositivos eletrônicos destacaram-se, à esquerda: Movimento Passe Livre, Midia Ninja, Comité Popular da Copa, Black Blocs, Movimiento Autónomo Libertario, Acampa/Ocupa, Centro de Midias Independentes, Jornalistas Livres, A Marcha das Vadias; e, pela direita, Revoltados on line, Movimento Brasil LIvre, Legalistas (favoráveis a intervenção militar) e grupos homofóbicos.

[11] Sobre el repertorio de los movimientos presentes en la calle, en 2013, ver el muy interesante artículo de Alonso& Mische (2014) . Para un estudio de la construcción simbólica de las protestas, de la infraestructura de la movilización e de las estrategias de confrontación ver Tabagiba (2014). Para un análisis interesante sobre el impacto de la existencia previa de una red de estructuras participativas sobre la disposición a participar en las protestas de 2013 ver Wampler (2014). Sobre su semejanza con protestas en otras partes del mundo ver Bringel & Pleyers, 2015)

[12] Essas demandas surgiram, em fins de 2015, pela mão dos estudantes de escolas públicas que promoveram mobilização maciça em São Paulo e no Rio de Janeiro por questões específicas. Da mesma forma, greves e movimentos em torno a questões urbanas continuaram muito frequentes nas cidades brasileiras.

[13] Os dirigentes do PSDB dividiram com respeito à campanha do impeachment. Enquanto Aecio Neves o apoiou e promoveu de imediato, outros líderes importantes como como o governador de São Paulo e o ex-presidente Fernando Henrique Cardoso, por cálculo ou convicção, só o fizeram em 2016. O pedido de impeachment votado na Câmara foi de autoria de conhecido jurista do PSDB, uma professora de Direito sem partido e um jurista renomado pela sua ação na defesa dos direitos humanos, antigo notável do PT que rompera com o partido.

[14] Sobre o processo de impeachment de Collor ver Sallum (2016).

[15] Para uma interpretação do impeachment como golpe parlamentar ver Santos & Guarnieri (2016).

Apresentação do nº 2

Escrevemos uma apresentação porque é habito e, ao que parece, prova de boa educação. Não porque seja efetivamente necessária. Os textos falam por si. Então diremos apenas que:

Este numero dos Trabalhos Em Curso foca essencialmente a América do Sul, com destaque para o Brasil. Acrescentamos um “dossier” sobre o grande movimento de refugiados, do ponto de vista europeu neste caso e abrimos com uma obra de arte, forma também de fixar a realidade social.

Este numero 2 da serie, cobre dois meses por impossibilidade de cumprir o projeto inicial devido a falta de apoio material. Talvez tenhamos mesmo que passar a trimestral. Ainda assim – e como já aconteceu em outras circunstâncias – vamos agir com os meios disponíveis para continuar de pé.

Graças ao acordo entre a Panguila e a AUTORES.club, Trabalhos Em Curso aparece numa plataforma de melhor acesso, tanto nas facilidades como na estética. Ao mesmo tempo analisamos a possibilidade de iniciar outra serie, dedicada a textos universitários, sejam monografias, dissertações ou teses. Tarefa para os Conselhos Científico e Editorial.

 

Pintura de Tavares Alves, urbanista e artista angolano residente em  Caiena

Pintura de Tavares Alves, urbanista e artista angolano residente em Caiena

A escritura da poesia afro-brasileira em(se) debate com uma literatura nacional dita canônica

AUTOR: Marcelo Pacheco Soares, Doutor pela UFRJ, Professor no Instituto Federal do Rio de Janeiro

Resumo
O artigo investiga, na produção poética afro-brasileira do último século, a releitura de alguns textos considerados academicamente como pertencentes ao cânone nacional.  Em seu comportamento leitor, constata-se nesses escritores um posicionamento artístico e político de construção de uma tradição literária pertinente à cultura negra, via de regra descentralizada pelos discursos de uma elite branca dominante.  Para análise, são eleitos trabalhos de Oliveira Silveira, Solano Trindade, Márcio Barbosa e Lourdes Teodoro.

Resumen
El trabajo investiga, en la producción poética afro-brasileña de lo último siglo, la relectura de textos académicamente considerados como pertenecientes al canon nacional.  En su comportamiento lector, estos autores revelan un posicionamiento artístico y político de la construcción de una tradición literaria relevante de la cultura negra, normalmente descentralizada por los discursos de una élite blanca dominante.  Para el análisis, se eligen empleos de Oliveira Silveira, Solano Trindade, Márcio Barbosa y Lourdes Teodoro.

PALAVRAS-CHAVE: 1. Poesia afro-brasileira; 2. Intertextualidade; 3. Resistência. PALABRAS CLAVE: 1. Poesía afro-brasileña; 2. Intertextualidad; 3. Resistencia.

Ainda influenciado mais fortemente pelos conceitos norteadores do movimento estruturalista, Roland Barthes, no meritório ensaio “A morte do Autor”, de 1966, afirma que “o leitor é o espaço mesmo onde se inscrevem, sem que nenhuma se perca, todas as citações de que é feita a escritura; a unidade do texto não está em sua origem, mas no seu destino” (BARTHES, 1988, 70).  Ao migrar para a categoria literária do Leitor a construção de sentido de um texto, o semiólogo francês parece lhe conferir os plenos poderes interpretativos que mais tarde, numa espécie de contrarreforma da crítica que podará presumíveis excessos, seriam novamente (mas jamais no mesmo nível) limitados por outros estudiosos, de vertente pós-estruturalista, como Umberto Eco ou Stanley Fish.
Menos do que nos aprofundarmos em tais conceitos a respeito desse Leitor e de sua apropriação das prerrogativas da figura de um Autor clássico (e aqui o referimos também na condição de categoria narrativa), as quais se transformaram na história da crítica literária sob a esteira do desenvolvimento de suas escolas, trazemo-los antes a título de ilustração, com a finalidade de mais bem fazer compreender certo comportamento efetivamente leitor que observamos em autores afro-brasileiros aquando de suas produções poéticas, isto é, usamos o conceito barthesiano prioritariamente como modo de delinear a leitura que esses poetas afro-brasileiros promovem em sua criação artístico-literária acerca de poemas classificados pelo discurso acadêmico como pertencentes a um cânone nacional, subvertendo-os para, Leitores-Autores concomitantes que se revelam ser, reescrevê-los, atualizando-os ou recontextualizando-os e gerando a partir deles sentidos novos comprometidos ideologicamente com a sua identidade racial.
As motivações para esse procedimento parecem-nos evidentes: a necessidade, ou antes a premência, de instalar uma poética empenhada em questões étnico-culturais que, em geral, não encontram lugar no cânone literário brasileiro, a qual conquiste e ocupe espaços (habitualmente legados pela academia a esse cânone) para dar voz à identidade negra, representando-a de modo efetivo.  E para de outra forma uma vez mais ilustrar esse fenômeno, vem a propósito citar o recurso de que lança mão Ivana Silva Freitas ao fazer uso de signos que se acomodariam no campo semântico do desenho cartográfico — o ponto, a encruzilhada (ou a rasura) e os caminhos — para investigar precisamente essa prática da literatura afro-brasileira de problematizar uma produção literária que é dada como hegemônica, representação pretensamente exclusiva da cultura nacional, embora assim pareçam ser tão somente em razão do lugar, nesse sentido, central de que usufrutuam e da voz de que por isso desfrutam nos discursos acadêmicos e midiáticos: “‘O ponto’ aqui é a intertextualidade, o que há em comum, ainda que como cicatriz, enquanto a encruzilhada representa o desconforto, a descontinuidade, a rasura que possibilita a abertura de outros caminhos.” (FREITAS, 2015, 115)
Assim é que, por exemplo, o poeta gaúcho Oliveira Silveira escreve “Outra Nega Fulô”, poema que traz a público nos Cadernos Negros em 1979 como resposta possível ao composto por Jorge de Lima em 192825.

Outra Nega Fulô
O sinhô foi açoitar
a outra nega Fulô
— ou será que era a mesma?
A nega tirou a saia
a blusa e se pelou
O sinhô ficou tarado,
largou o relho e se engraçou.
A nega em vez de deitar
pegou um pau e sampou
nas guampas do sinhô.
— Essa nega Fulô!
Esta nossa Fulô!,
dizia intimamente satisfeito
o velho pai João
pra escândalo do bom Jorge de Lima,
seminegro e cristão.
E a mãe-preta chegou bem cretina
fingindo uma dor no coração.
— Fulô! Fulô! Ó Fulô!
A sinhá burra e besta perguntava
onde é que tava o sinhô
que o diabo lhe mandou.
— Ah, foi você que matou!
— É sim, fui eu que matou —
disse bem longe a Fulô
pro seu nego, que levou
ela pro mato, e com ele
aí sim ela deitou.
Essa nega Fulô! Essa nega Fulô! (DUARTE, 2014, v.2, 121-2)

Poema sobre o qual a crítica contemporânea já com alguma frequência se debruçou na comparação com a sua confessada matriz intertextual (mais que evidenciada nos irônicos versos que mencionam o escândalo do bom Jorge de Lima, seminegro e cristão, dando a ver a sua origem que não coaduna com a da negra de que intenciona falar, portanto, não a representando de fato), “Outra nega Fulô”, a partir de uma situação semelhante — qual seja: a intenção de um sinhô de açoitar uma mulher negra que para ele trabalha — descreve outra reação de sua personagem-título, desse modo, como bem observa Elisalva Madruga Dantas, “desfazendo a mítica bondade do Pai João e da Mãe Negra, subvertendo a natureza passiva, submissa da negra Fulô, enquanto mulher objeto em mulher sujeito, dona de si mesma e dos seus desejos” (DANTAS, 2006, 75).  Assim como (para trazer um exemplo outro mas de similaridade processual) o vaqueiro Manuel da película de Glauber Rocha Deus e o Diabo na Terra do Sol, sob a mesma circunstância do Fabiano do romance de Graciliano Ramos Vidas secas, apresenta reação distinta à deste e, ao invés de se curvar aos números que lhe confundem, mata o patrão que lhe tenta enganar e roubar os seus bois, o que representa uma força revolucionária no herói do filme que ainda não era possível identificar no protagonista do romance, também a nega Fulô de Oliveira Silveira, a fim de escapar das punições aos pequenos delitos que lhe são imputados, não se deita com o sinhô como a do poema de Jorge de Lima (o que apenas substituía um açoite físico por outro também físico, especificamente de caráter sexual) mas o mata e, consubstanciando a sua alforria há muito oficialmente promulgada e a consequente autonomia sobre o seu próprio corpo a que tem direito, deita-se com quem decide.  Assim é que, em sua Dissertação de Mestrado, Silvia Regina Lourenso de Castro observa:
Ao parodiar o poema de Jorge de Lima, o sujeito enunciativo de “Outra Nega Fulô” sugere, no plano superficial, que irá falar da mesma mucama.  No entanto, ele deixa marcas no enunciado problematizando ambas as personagens.  Uma primeira marca é a opção por usar a palavra “nega” em oposição à palavra “negra” usada pelo poeta anterior.  Esse procedimento não se deve apenas à supressão do fonema /r/, ou seja, ele não é marcado como desvio da norma culta.  Ao usar “nega” o sujeito projeta o efeito de sentido de ser aquele que fala de um lugar diferente daquele que diz “negra”, isto é, ele projeta o efeito de proximidade em relação à fala que emerge da senzala, modalizada pela oralidade, enquanto a forma escrita “negra” representa a fala que emerge da Casa Grande.  Essa é uma estratégia para demarcar o território da formação discursiva, como também ocorre com a oposição “essa” vs. “outra”. (CASTRO, 2007, 79)
Ora, essa (o pronome sintomaticamente em terceira pessoa que observamos no poema de Jorge de Lima) era a negra marcada pelos estereótipos que lhe atribuíram os discursos da elite branca herdeira de escravocratas, pensamento cujos ecos ainda insistem em se fazer ouvir em nossa sociedade hodierna, ainda que semiocultamente reverberando pelos cantos da sala (física ou virtual) e não pelo centro das ruas, nos quais a mulher de origem africana surgia/surge assinalada como corpo sensualizado destinado tão-somente a dar prazer ao homem branco, poder erótico com que ademais ela deixaria a ver a sua malícia para enganá-lo.  A outra que intitula a peça de Oliveira Silveira, mulher negra capaz de subverter a ordem que lhe é imposta por imposições racistas e machistas, será, além disso, esta nossa no discurso do Pai João e o uso desse pronome demonstrativo, agora de segunda pessoa, aliado ao possessivo de primeira pessoa do plural, mostrará a relação de pertencimento da voz poético-narrativa à etnia negra da personagem (porque esta indica assim proximidade de quem fala) e do seu público leitor (porque quem fala encontra-se acompanhado de outros que justificam a forma nossa).  Essa nova voz irá, por sua vez, aniquilar a cultura da elite branca tal qual Fulô agora aniquila o patrão, já que também a sinhá será caracterizada como burra e besta, animalizada então em semelhança ao tratamento a que os negros foram submetidos no tempo da escravidão.  Assim, conclui a esse respeito Sueli Meira Liebig:
O referencial ideológico veiculado por Jorge de Lima em seu poema é virado do avesso por Silveira: ao invés de “objeto” açoitado, a outra Fulô torna-se “sujeito” açoitador.  A ressignificação das antigas práticas culturais torna-se, nas mãos do autor contemporâneo, o próprio chicote com que é vergastado o pensamento etnocêntrico. (LIEBIG, 2011, s/p)
Será sob égide equivalente que se dará o trabalho do poeta Solano Trindade, conhecido pelo epíteto de Poeta do Povo e, como nele reconhece Leda Maria Martins, “defensor intransitivo de sua ascendência africana, de seu requinte de negrura” (DUARTE, 2014, v.1, 389).  Artista que viveu cerca dos primeiros três quartos do século XX, importantes anos de transição do lento processo (em desenvolvimento até os dais atuais porque não alcançou ainda o seu absoluto sucesso) de efetiva alforria que a comunidade negra precisa cotidianamente impor contra velhos e criminosos preconceitos, o escritor pernambucano trabalha em sua poética a cultura negra com a assiduidade e a pertinência que o credenciam a tornar-se uma referência incontornável para os poetas que lhe sobreveem, enquanto voz que quebra a lógica do cânone da elite branca acadêmica, apresentando-se assim como alternativa a essa.  Daí que o importante escritor contemporâneo Luiz Silva, o Cuti, em poema muito a propósito intitulado “Tradição”, de 2007, faça-lhe reverência: “solano eu abraço / no boi-bumbado socialistado / num salto a-rap-iado” (DUARTE, 2014, v.3, 25).  E, da mesma geração de Cuti, José Carlos Limeira homenageará o poeta em “A Solano Trindade”, ode em que afirma: “O solo das tuas frases / Marcará os espaços dos meus sons” (DUARTE, 2014, v.3, 39) — reiterando tal condição da poética de Solano Trindade como referência tradicional afro-brasileira (e por isso mesmo elevada ao cânone da manifestação dessa poesia). Alcançar esse estatuto de pavimentação legítima da poesia negra no Brasil, reconhecido pelos seus sucessores, é vitória que Solano Trindade conquista na proposta de re-discursar sobre a História e a realidade do negro no Brasil sob a sua voz representante étnica da sua raça e das causas a ela pertinentes: “Eu canto aos Palmares / sem inveja de Virgílio de Homero / e de Camões / porque o meu canto / é o grito de uma raça / em plena luta pela liberdade.” (DUARTE, 2014, v.1, 400), assevera ele em um de seus poemas.  É dessa forma que Solano Trindade reconta o percurso poético do “Navio Negreiro” de Castro Alves, sob uma ótica, todavia, que dispensa a piedade do leitor — sentimento que pode ser motivado pelos versos oitocentistas, em que pese o seu importante caráter de denúncia das condições de uma viagem que, na época da sua composição, ocorria clandestinamente porque já havia sido legalmente proibida em 1850 — e, pelo contrário, exalta outros signos mais positivos, como o da resistência e o da inteligência: “Lá vem o navio negreiro / cheio de melancolia, / lá vem o navio negreiro / cheinho de poesia… // Lá vem o navio negreiro / com carga de resistência / lá vem o navio negreiro / cheinho de inteligência…” (DUARTE, 2014, v.1, 402)
Mas será em “Tem gente com fome”, publicado originalmente em 1944 no volume intitulado Poemas de uma vida simples, que Solano Trindade manuseará, quiçá com a sua mais apurada desenvoltura, um famoso poema do cânone nacional (relativamente contemporâneo ao seu, porque faz parte da coletânea de 1936 Estrela da manhã, e composto além do mais por um conterrâneo seu, o pernambucano Manuel Bandeira): trata-se de “Trem de ferro”.

Tem gente com fome
Trem sujo da Leopoldina
correndo correndo
parece dizer
tem gente com fome
tem gente com fome
tem gente com fome

Piiiiii

estação de Caxias
de novo a dizer
de novo a correr
tem gente com fome
tem gente com fome
tem gente com fome

Vigário Geral
Lucas
Cordovil
Brás de Pina
Penha Circular
Estação da Penha
Olaria
Ramos
Bom Sucesso
Carlos Chagas
Triagem, Mauá
trem sujo da Leopoldina
correndo correndo
tem gente com fome
tem gente com fome
tem gente com fome

Tantas caras tristes
querendo chegar
em algum destino
em algum lugar

Trem sujo da Leopoldina
correndo correndo
parece dizer
tem gente com fome
tem gente com fome
tem gente com fome

Só nas estações
quando vai parando
lentamente começa a dizer
se tem gente com fome
dá de comer
se tem gente com fome
dá de comer
se tem gente com fome
dá de comer

Mas o freio de ar
todo autoritário
manda o trem calar
Psiuuuuuuuuu (DUARTE, 2014, v.1, 406-8)

“O poema descreve a vida da população afro-brasileira que não conseguiu se ajustar ao sonho europeu do branqueamento” (SANTOS, 2015, 29), segundo o define Josinete Pereira dos Santos.  Os versos espalham a preocupação social do poeta em relação a uma significativa parcela da população empobrecida, não exclusivamente mas de maioria negra.  Todo aglomerado de gente, como máquina, entra e sai dos vagões da locomotiva.  O trem promove um itinerário dos bairros mais afastados aos mais próximos do centro da cidade, ou, para além disso, uma simbólica tentativa de viagem para o centro do país — o centro geográfico, político, social, econômico a que as caras tristes estão querendo chegar mas apenas o intuem reconhecendo-o vagamente como algum lugar ou algum destino — na estrategicamente apenas subentendida, porque facilmente dedutível a partir do conhecimento da malha ferroviária carioca, estação terminal Central do Brasil, não textualizada no poema com certeza porque metaforicamente não alcançada.  Em seu percurso, anuncia, a todo momento, mas disfarçadamente (tanto que apenas parece dizer), que tem gente com fome, e ao fim reivindica lentamente, entre precavido e mesmo descrente, um dá de comer, que, todavia, será violentamente silenciado por uma voz que está no próprio trem (como o panóptico internalizado de que nos fala Michel Foucault?26) e impõe um onomatopeico Psiuuuuuuuuu, que Benjamin Abdala Jr. associa a “uma visão mais espontânea e quase infantil do referente opressivo” (ABDALA JR., 2006, 75): “E o ‘espontâneo’ realça a agressividade dos agentes alienadores.” (ABDALA JR., 2006, 75), completa ele.
Ao contrário, o poeta Manuel Bandeira nos conduzira, no seu “Trem de Ferro”, a uma viagem de trem pelo interior (oposto ao percurso urbano, ou antes sub-urbano, solaniano) e com poucas pessoas, como nos aponta ainda Josinete dos Santos:
O trem de Bandeira transporta gente (só levo/Pouca gente/Pouca gente/Pouca gente) e o trem de Solano transporta carga humana (Tantas caras tristes/querendo chegar/em algum destino/em algum lugar), haja vista o amontoado desumano a que são submetidos os passageiros do trem de Solano ao contrário do de Bandeira (em que se destaca justamente a oposição tantas vs. pouca). (SANTOS, 2015, 29-30)
Bandeira, além disso, oferece uma paisagem bucólica com bichos, pastos, boiadas, galhos, riachos e ingazeiras.  Aqui, o termo onomatopeico que simula o barulho e a velocidade do trem, café com pão, difere-se da opção de Solano (tem gente com fome), a qual denuncia outra condição social, encontrada afinal por muitos que, em processos migratórios, abandonaram esse mesmo espaço do campo bandeiriano em busca de oportunidades na urbe central.
A propósito de circularmos nesse momento pela obra de Manuel Bandeira, encaminhemo-nos à oportunidade de observarmos também como o poeta paulistano Márcio Barbosa fará igualmente na escrita de versos seus releitura de uma composição bandeiriana (o breve poema “Irene no Céu”, do livro Libertinagem, de 1936), com uma obra publicada originalmente em 1992:

O que não dizia o poeminha do Manuel:
Irene preta!
Boa Irene um amor
Mas nem sempre Irene
Está de bom humor

Se existisse mesmo o Céu
Imagino Irene à porta:
— Pela entrada de serviço — diz S. Pedro
dedo em riste
— Pro inferno, seu racista — ela corta.

Irene não dá bandeira.
Ela não é de brincadeira. (DUARTE, 2014, v.3, 313)

Atentemos inicialmente para um detalhe que evidentemente é casual mas contribui para o enriquecimento semântico da paródia-resposta edificada por Márcio Barbosa: o fato de ele e Bandeira possuírem as mesmas iniciais.  O nome de um, a partir de tais iniciais, completa-se com o que não dizia o nome do outro, o que se estende, é claro, a outras características, como a identidade racial de Barbosa que também não se pode fazer ouvir em Bandeira.  Dessa forma, a opção estético-política de Barbosa na construção do seu poema busca subverter a condição a que a figura do negro, segundo ele mesmo denuncia, está frequentemente submetida na história literário-editorial nacional, na qual normalmente não tem voz: “o lugar reservado ao negro na literatura sempre foi o de tema” (BARBOSA, 1997, 212).  Do mesmo modo observaremos se desenvolver o poema de Barbosa: de um ponto inicial semelhante, qual seja, a representação das relações interraciais no Brasil, “O que não dizia o poeminha do Manuel” traz soluções distintas da escrita bandeiriana para a questão e, baseados na denúncia explícita dos silêncios do discurso do poema de Bandeira, os seus versos apontam o racismo que, em “Irene no Céu”, seria registrado, quando muito, relativizado ou apenas em entrelinhas absolutamente sutis da leitura.
Atenhamo-nos agora mais detidamente ao título: ora, de toda a semântica possível em nossa língua para o uso de sufixos diminutivos, é possível inferir que a menção que Márcio Barbosa faz a “Irene no céu” chamando-o poeminha, transita do sentido dimensional (trata-se, afinal, de fato de um poema pequeno) para, de modo sem dúvida mais significativo, o irônico, em alguma medida desprestigiando o texto, o qual afinal irá contestar em seus versos, como pelo fato de, no poema de Bandeira, Irene estar sempre de bom humor (traço considerado positivo do ponto de vista dos senhores/patrões que veem aí ausência de subversão e que identificamos nos versos que dão conta de sua disposição de pedir licença ao branco que guarda as portas do paraíso), bom humor, ademais, que se mantém a despeito do modo invariavelmente servil segundo é tratada.  Tal tratamento observamos então no próprio São Pedro, que, não obstante o estilo bonachão a ele atribuído por Bandeira, identifica-se como alguém que está hierarquicamente acima da personagem poética de modo a ter poder para autorizar ou não a sua passagem (e arriscamo-nos a dizer que essa condição é menos por sua condição de santo do que a de branco), não sendo casual, pois, que surja como representante dessa outra etnia, enquanto figura mítico-religiosa das crenças teológicas de origem europeia que esse segmento da sociedade via de regra professa (as quais Barbosa, aliás, não deixa de desvalidar ao reduzi-las a hipótese: Se existisse mesmo o Céu).  A Irene mais contemporânea, pelo contrário, explicita o racismo que contra ela tenta se estabelecer e reage (como a outra/mesma Fulô de Oliveira Silveira), e o que não dizia o poeminha do Manuel por fim era que os Sãos Pedros que se espalham pela sociedade na verdade não maquiam o seu preconceito racial (exigindo, dedo em riste, que Irene use a entrada de serviço) mas que Irene se impõe contra essa circunstância.  Não se trata mesmo, portanto, da Irene subserviente pintada por Bandeira; daí o jocoso penúltimo verso a asseverar: Irene não dá bandeira.
E encaminhemo-nos, finalmente, para “Quilombhoje”, composição da coletânea Poemas antigos, de 1996, através da qual a goiana Lourdes Teodoro prestará homenagem ao Quilombhoje Literatura — grupo paulistano de escritores, fundado em 1980 por Cuti, Oswaldo de Camargo, Paulo Colina, Abelardo Rodrigues e outros, com objetivo de discutir e aprofundar a experiência  afro-brasileira na literatura — ao mesmo tempo em que promoverá uma revisão da proposta poética de Carlos Drummond de Andrade no também consagrado poema “Procura da Poesia”, composição do volume Rosa do povo, de 1945.

Quilombhoje
Penetra calmamente nas ruas mais distantes.
Lá estão as emoções que precisam ser escritas
Convive com o teu povo antes de fazê-lo teu.
Espera que cada um se desnude, se rebele
Com seu poder de vida
Seu poder de palavra
Engravide tua palavra com a fome do teu povo
Oxigene tua palavra com a coragem do teu povo. (DUARTE, 2014, v.2, 247)

Evidente está o caráter metalinguístico do poema, em consonância ao drummondiano, ambos produzidos com o claro viés de formular os princípios, em cada caso, de um determinado fazer poético, o que será marcado pela presença de verbos imperativos a construírem um discurso injuntivo acerca da elaboração literária.  Além disso, o poema de Lourdes Teodoro, Professora Doutora em Literatura Comparada, debate francamente com o de Drummond, evidenciando a poética que a poeta reconhece e pesquisa no grupo literário Quilombhoje, a qual, segundo a sua leitura, propõe-se distinta da apresentada pelo escritor mineiro em “Procura da Poesia”, de modo que, é claro, o diálogo se registra em oposição (nas rasuras a que fez menção Ivana Freitas), debatendo a essencialidade de a poesia afro-brasileira firmar compromisso com as questões sociais do povo de que uma literatura engajada não pode se desviar, como expõe o primeiro verso de “Quilombhoje”, o qual se apropria parodicamente de uma passagem de “Procura da Poesia” ao instar o poeta a penetrar calmamente não no reino das palavras, como quereria Drummond, mas nas ruas mais distantes, logo, ao encontro do povo que carece dessa poesia, que denuncie as suas fomes e cante a sua coragem.
Tal atitude o famoso poema de Drummond a princípio condena, segundo inferimos de passagens como: Não faça versos sobre acontecimentos.  Não cantes tua cidade, deixe-a em paz.  O canto não é a natureza / nem os homens em sociedade.  É claro que, aprofundando a leitura, podemos identificar “Procura da Poesia” menos como um manual de escrita poética ou uma descrição precisa do fazer literário drummondiano propriamente dito do que uma discussão sobre a tensão entre o real a ser representado, o eu-poético e a estrutura formal do poema, entre subjetividade e alteridade na gênese do poema.  Por isso, a própria obra do autor demonstrará vastamente, na prática, atitude poética que ignora tais recomendações, o que alça “Procura da Poesia” a uma possível condição de poema-autocrítica do próprio poeta Drummond e sua obra como um todo. No entanto, é atendo-se claramente a esse poema específico, de que Lourdes Teodoro faz uso como substrato poético para compor “Quilombhoje”, que a poeta irá construir o seu debate (e, desde o início, nossa opção metodológica nesse trabalho foi o de identificar, e a ela nos deter, a leitura que o poeta afro-brasileiro promove do texto canônico com que dialoga) o qual representa um manifesto e uma convocação do compromisso social de uma poesia de engajamento, defendendo que o poder de palavra e o poder de silêncio a que Drummond fazia menção, reconhecendo-os residentes nos poemas, habita na verdade precisamente nos acontecimentos que ele rejeitaria: no povo e na sua coragem que, na sua atitude rebelar-se, ignora os poderes de um hipotético silêncio (que na poesia afro-brasileira pertence invariavelemnte ao campo semântico da repressão) já que o termo que agora se justapõem à palavra na dupla de poderes evocados é vida.
Em sua economia formal (mas uma oposição à relativamente longa composição drummondiana), o poema de Lourdes Teodoro é como uma pequena semente de que brotam grandes árvores que representa uma Literatura de raízes cada vez mais profundas na poética nacional.  Dizendo o mesmo de outro modo, “Quilombhoje” concentra, na positiva iminência de por isso explodir como em um Big Bang poético ou uma bomba, os princípios literários do fazer artístico que aqui buscamos investigar e, desse modo, se nos encerra o artigo, teria podido também iniciá-lo.  Debruçamo-nos nesse ensaio sobre uma produção que empreende a superação do cânone estabelecido pelo discurso acadêmico da elite branca e a distribuição dos espaços que ele latifundiariamente ocupa, um produção por conseguinte que busca dar espaço às questões cujo desenvolvimento tem lugar fora do centro, nas ruas mais distantes da Central do Brasil omitida em “Tem gente com fome”: a fome do povo e as suas emoções que (mais do que esperam) precisam ser escritas — fome que, nesse caso, é metonímia desde a fome física que sofrem os passageiros da locomotiva de Solano Trindade até a fome de liberdade, autonomia e respeito que movem as ações das Irenes e das Negas Fulôs que, em um novo tempo, rebelam-se com uma coragem que oxigena a arte, que por esse motivo a canta.  Os versos que analisamos estão, assim, grávidos dessa fome.
A poesia afro-brasileira, por fim, está imbuída de uma missão que as palavras que compõem “Quilombhoje” descrevem ao mesmo tempo em que a delegam, a qual Oliveira Silveira, Solano Trindade, Márcio Barbosa e Lourdes Teodoro cumprem com êxito.

Notas
25) O corpus que por agora analisamos tem lugar no rico trabalho organizado por Eduardo de Assis Duarte Literatura e afrodescendência no Brasil – antologia crítica, ampla pesquisa publicada em quatro volumes em 2011 (com reedição em 2014) pela Editora UFMG, já hoje bibliografia fundamental nesses estudos.
26) Ao descrever as sociedades disciplinares, Foucault usara o exemplo do Panóptico de Jeremy Bentham, jurista inglês de fins do século XVIII que desenhou um projeto de penitenciária no qual, de uma torre central, seria possível vigiar todas as celas sem que a sentinela fosse vista, sem que mesmo fosse possível saber quando a torre estaria ou não de fato ocupada, gerando um efeito de introjeção do poder no vigiado, que, por isso, autocensura-se, instaurando um poder disciplinador internalizado, de que nos fala Foucault.

Referências bibliográficas
1.    ABDALA JR., Benjamin. “Antônio Jacinto, José Craveirinha, Solano Trindade— o sonho (diurno) de uma poética popular”. In: CHAVES, Rita; SECCO, Carmen; MACÊDO, Tania (org.). Brasil/África: como se o mar fosse mentira. São Paulo: UNESP; Luanda: Chá de Caxinde, 2006, p. 69-78.
2.    BARBOSA, Márcio. “Cadernos Negros e Quilombhoje: algumas páginas de história.” In: Thot – Escribas dos Deuses: Pensamentos dos Povos Africanos e Afrodescendentes. Brasília: Gabinete do Senador Abdias Nascimento, n.2, maio/agosto de 1997, p. 207-219.
3.    BARTHES, Roland. “A morte do autor”. In: O rumor da língua. Trad. Mário Laranjeira. São Paulo: Brasiliense, 1988, p. 65-70.
4.    CASTRO, Silvia Regina Lourenso de. Corpo e erotismo em Cadernos Negros: a reconstrução semiótica da liberdade. Dissertação de Mestrado. São Paulo: Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo, 2007.
5.    DANTAS, Elisalva Madruga. “A negritude poética do gaúcho Oliveira Silveira”. In: Revista de Letras. Fortaleza: Universidade Federal do Ceará, n.28,
v.    1/2, janeiro/dezembro de 2006, p. 74-7.
6.    DUARTE, Eduardo de Assis. Literatura e afrodescendência no Brasil: antologia crítica. Belo Horizonte: EdUFMG, 2014, 4v..
7.    FOUCAULT, Michel. “O panoptismo”. In: ——. Vigiar e punir. Trad. Raquel Ramalhete. Petrópolis: Vozes, 2009, p. 186-214.
8.    FREITAS, Ivana Silva. “O ponto e a encruzilhada: a poesia negra rasurando a literatura oficial através da intertextualidade”. In: Pontos de Interrogação –Revista de Crítica Cultural. Salvador: Universidade do Estado da Bahia, n.2,
v.    5, julho/dezembro de 2015, p. 113-29.
9.    LIEBIG, Sueli Meira. “Por um descentramento ético do negro: Esmeralda Ribeiro, Oliveira Silveira, Socorro Coelho e Solano Trindade”. In: Anais Online do XII Congresso Internacional da ABRALIC. Curitiba: Universidade Federal do Paraná, 2011, s/p, disponível online em http://abralic.org.br/eventos/cong2011/AnaisOnline/resumos/TC0650-1.pdf, último acesso: 09/05/2016.
10. RAMOS, Graciliano. Vidas Secas. Rio de Janeiro: Record, 1998.
11.    ROCHA, Glauber. Deus e o Diabo na Terra do Sol. Rio de Janeiro: Copacabana Filmes, 1964.
12.    SANTOS, Josinete Pereira dos. Pelos caminhos da poesia, a descoberta do orgulho de ser negro. Trabalho de Conclusão de Curso de Especialização. São Gonçalo: Instituto Federal de Educação, Ciência e Tecnologia do Rio de Janeiro, 2015.

I. UN Decade of People of African Descent (2015-2024) – Recognition, Justice and Development: The case of the Creoles in Mauritius

AUTOR: Jimmy Harmon, PhD pela Universidae de Westren Cape (África do Sul), pesquisador e director do ensino secundário católico mauriciano

Abstract
This paper examines the situation of the Creoles in the Republic of Mauritius in the light of the theme of the United Nations Decade of People of African Descent (2015-2024) namely ‘Recognition, justice and development’. Mauritius, is situated in the Indian Ocean about 2000 kilometres off the south east coast of the African continent and has an area of 2,040 km2. It is home to 1.2 million inhabitants (Statistics Mauritius, 2011) comprising Indo-Mauritians (51%), Creoles (27%), Muslims (17%), Sino-Mauritians (3%) and Whites (2%). Despite its 1st (out of 54) rank placement since 2000 on the Ibrahim Index of Good Governance in Africa, Mauritius has a significant percentage of its population either living in poverty or experiencing racial or other marginalisation on a daily basis. Established in 2008 by an Act of Parliament to investigate the consequences of slavery and indentured labour from colonial period to date, the Truth & Justice Commission revealed in its report in 2011 that Creoles of African phenotype are the most marginalised and discriminated. However, the Creoles display agency and put up resilience to their adverse situation.
KEYWORDS: Creoles, marginalisation, discrimination

INTRODUCTION
The General Assembly, by its resolution 68/237 of 23 December 2013, proclaimed the International Decade for People of African Descent commencing 1 January 2015 and ending on 31 December 2024, with the theme “People of African descent: recognition, justice and development”.  Two major objectives of this Decade are to strengthen national, regional and international action and cooperation in relation to the full enjoyment of economic, social, cultural, civil and political rights by people of African descent, and their full and equal participation in all aspects of society; and to promote a greater knowledge of and respect for the diverse heritage, culture and contribution of people of African descent to the development of societies.
It is expected that this decade will provide an opportunity to recognize the significant contribution made by people of African descent to our societies and to propose concrete measures to promote their full inclusion and to combat all forms of racism, racial discrimination, xenophobia and related intolerance. For the UN General Secretary Ban Ki Moon, ‘in proclaiming this Decade, the international community is recognizing that people of African descent represent a distinct group whose human rights must be promoted and protected. Around 200 million people identifying themselves as being of African descent live in the Americas. Many millions more live in other parts of the world, outside of the African continent’
(http://www.un.org/en/events/africandescentdecade/messages.html). He also added at the launching ceremony on 10 December 2014 that ‘we must remember that people of African descent are among those most affected by racism. Too often, they face denial of basic rights such as access to quality health services and education.’ (http://www.un.org/en/events/africandescentdecade/messages.shtml). In this paper, we will examine the situation of Creoles in the Republic of Mauritius in the light of the theme of the UN theme namely ‘Recognition, justice and development’. This paper is organized around four sections. The first section presents information on Mauritius. The two next sections give an overview on the Creoles about their place in identity politics and how some reports and studies make mention of discrimination against them. The final section discusses how Creoles develop agency and resilience.

The Republic of Mauritius
Mauritius. Officially known as the Republic of Mauritius, is a Small Island Developing State situated in the Indian Ocean about 2000 kilometres off the south east coast of the African continent and has an area of 2,040 km2. The Republic of Mauritius comprises mainland Mauritius, Rodrigues and Agalega islands. The resident population of the Republic of Mauritius enumerated at the 2011 Population Census was 1,233,000 of whom 1,192,300 lived in the island of Mauritius, 40,400 in Rodrigues and 300 in Agalega (Statistics Mauritius, 2011). The First Schedule to the Constitution (1968) establishes a four-fold categorization of the Mauritian population. Paragraph 3 (4) of the First Schedule to the Constitution reads as follows:
For the purposes of this Schedule, the population of Mauritius shall be regarded as including a Hindu community, a Muslim community and Sino-Mauritian community; and every person who does not appear, from his way of life, to belong to one or other of those 3 communities shall be regarded as belonging to the General Population, which shall itself be regarded as a fourth community.  (Constitution of the Republic of Mauritius, 1968)
Therefore, the General Population is a residual category under which is lumped the Creoles who may be of African origin or mixed blood and the Whites or Franco-Mauritians. The appellation General Population is vehemently opposed by Creole organisations and Creole opinion leaders as it is considered as a denial of the identity of the Creoles. Although the mainstream parties tend to show that they lend a compassionate ear to these claims, yet, no government has ventured until now to amend this Schedule it as it might have far reaching consequences on ethnic politics. Historically, Mauritian islands had no indigenous population and were uninhabited before the 16th century. Mainland Mauritius was the first to be populated as a result of three major periods of settlement: Dutch settlement (1638-1658; 1664-1710), French Colonisation (1710-1810) and British Colonisation (1810-1968). The country gained independence from the United Kingdom in 1968 and became a Republic in 1992. It is a member of both the Commonwealth and the Francophonie. General elections are held every five years based on universal suffrage. The Parliament (known as National Assembly) consists of 70 members: 60 elected members, 8 Best Losers (representing the minorities) and 2 elected members for Rodrigues Island. The Prime Minister is head of government who is currently Sir Aneerod Jugnauth.
Despite its 1st (out of 54) rank placement since 2000 on the Ibrahim Index of Good Governance in Africa, Mauritius has a significant percentage of its population either living in poverty or experiencing racial or other marginalisation on a daily basis. Established in 2008 by an Act of Parliament to investigate the consequences of slavery and indentured labour from colonial period to date, the Truth & Justice Commission (TJC) revealed in its report in 2011 that Creoles of African phenotype are the most marginalised and discriminated ( TJC Report, 2011: 227).

The Creoles  
A history of uprootedness
Who are the Creoles in Mauritius? How do we identify them?  Like other groups known as “Creoles” throughout the world, Mauritian Creoles have a history of uprootedness linked to their slave ancestors brought by the colonizers on the island from the African continent and Malagasy. The connections of the slaves with their places of origin were severed almost immediately upon arrival in the colony. For Eriksen (1999: 5), this entailed the urgent necessity of crafting new cultural and social forms under conditions of extreme hardship. This situation gave birth to a new language (Creole language), culture and ways of life in contact with the colonizers or with other groups. This contact was underpinned by physical and psychic violence. In the 18th century, the Creole group was marked internally by colour prejudice with the rise of the gens de couleur (coloured creoles) within the Creole group while the Afro-Creoles occupied the lowest social ladder (Selvon, 2005; Palmyre, 2008; Harmon, 2016). In this society, whiteness, French language and culture were privileged and treated as the identity to aspire to (Arno & Orian, 1986). By the turn of the 20th century, following the visit of Gandhi in 1901 and the rise of an intellectual Indian elite, political consciousness reached more rapidly the Indo-Mauritian labouring class who was living on sugar plantations while the Creoles were scattered throughout the island, deprived of any form of organisation and leadership. The General elections in August 1967 led to a victory of the Independent Party, supported by a majority of Indians while the Creoles voted for the PMSD (Parti Mauricien Social Democrate) which campaigned against independence. The fear of a ‘Hindu threat’ led to the massive migration of the middle class Creoles to Australia during after independence in 1968. The Creole proletariat (mainly Afro-Creoles) who could not afford to migrate to Australia had no choice than to stay and to strive to make a living. In spite of its higher numerical importance as compared to other minorities such as the Muslims or Chinese, the Creole minority group lives since independence in a context of political marginalisation as a result of lack of lobbying, lack of insightful political tactics and is confronted with internecine divisions.

Creole consciousness amidst Identity Politics and Exclusion
Boswell (2006) developed a taxonomy of the Creole ethnic group to illustrate its diversity in terms of class, phenotypes and common derogatory and divisive terms used to classify the different Creole subgroups. Examples of such terms are ‘Creole ti-burzwa’ (Creole of small bourgeoisie), ‘Creole milat’ (mulatto Creole), ‘Creole madras’ (Tamil Creole), ‘Creole sinwa’ (Chinese creole) and ‘Creole mazanbik’ (Black-Afro creoles whose ancestors came as slaves from Mozambique). I would say that the distinctions made by Boswell (2006) rapidly phased out with the emergence of the Creole identity affirmation movement as from the 1990s onward. Nowadays, we are witnessing the rise of a national Creole identity movement transcending these internecine cleavages. It is for this reason I find the observation that  Sheila Bunwaree, Mauritian sociologist and researcher, made more than a decade ago still encapsulates the situation of the vast majority of the Creoles:
A lot of what goes under the rubric of ‘identity politics’ (my emphasis) is actually about popular struggles for a more equitable distribution of goods and services for a  more just society. The emergence of a Creole consciousness (my emphasis) in recent years and their efforts to rekindle links with Africa (my emphasis) as their homeland highlights both the awakening and forging of an identity. Many of the deprived and excluded (my emphasis) form part of the Creole community wish to see a better distribution of the national cake. (Bunwaree, 2004: 12)
There are four key terms in Bunwaree’s observation which call for close examination. The first term is ‘identity politics’. Identity politics is generally defined as the cultural politics of different social movements or lobbying groups which advocate recognition and respect for cultural differences of identity groups (Bernstein, 2005; Bernstein & Taylor, 2013). By ‘identity politics’, Bunwaree (2004) is referring to the role of ethnic politics as ethnicity structures public life in Mauritius (Mukoneshwuro , 1999; Carroll & Carroll, 1991; Srebnik, 2002). The plurality characteristic of the Mauritian society has contributed towards creating an interface between state, society, economy and politics. This interface is marked ethnic politics which calls for the constant necessity to negotiate and broker arrangements with the different ethnic lobbyists. One example of this Mauritian ‘identity politics’ is the case of the reactions of the Tamils in Mauritius against the alteration of the bank note in 1998.
The Tamil speaking community is a subgroup of the Indo-mauritian group and it only represents about 10 percent of the Mauritius population. Three languages appear on Mauritian banknotes. Traditionally, the languages are English, Tamil, and Hindi – in that order. On October 18, 1998, the Central Bank of Mauritius released a new series of banknotes upon which the order of the latter two languages were reversed, with Hindi appearing before Tamil. Reportedly, the reason for the change in the order was because the Tamil text would have encroached on the portrait of a former Chinese political leader Sir Jean Ah-Chuen on the 25-rupee note if it remained in its original position on the note.  However, the Tamil community did not accept this explanation and within a few days of the new banknotes’ release this community took up nonviolent actions in protest of the change. Although, the Tamil community claimed precedence on the banknotes based on traditional practices and claims to having arrived on the island prior to the members of the Hindu community. Tamil community burned effigies of the Governor of the Bank of Mauritius and representations were made to the President of Mauritius. Tamil members of Parliament threatened to resign from their position if the new banknote design was not pulled out of circulation. On November 18, one month after the initial release of the new banknotes, the government asked the central bank to withdraw the notes from circulation. The Bank of Mauritius complied, representing a victory for the Tamils. The reprinting of the banknotes cost more than 50 million rupees, or more than 2 billion USD. However, for Bunwareee (2004) ‘identity politics’ such as the Tamil protest should rather be taken as a form of ‘popular struggle for a more equitable distribution of goods and services’.  In the case of the Tamils, it can be said that it was the struggle for ‘a more equitable distribution’ of ‘goods and services’ at the symbolic level.
Second, the ‘emergence of the Creole consciousness’ can be dated back to a public statement made by the catholic Creole priest Father Roger Cerveaux in 1993. He said that there was a ‘malaise creole’ in the catholic church and the country. By ‘malaise creole’, the priest was referring to the situation of social exclusion and subjugation of the vast majority of Creoles. For Boswell (2004), this malaise is symptomatic of the experience of social and cultural oppression while Miles (1999) defines it as a social disease which results partly from the inability of the Creoles to assert themselves as a group.  The first common denominator of the Creoles is consequential of their Christianisation over different periods until independence. In the 2011 Population Census, seventy-eight percent claim to be Roman Catholics out of 414, 553 Christians. For Romaine (2003), Creoles of milieu populaire (Creoles of the economically disadvantaged class) represent the bulk of Catholics in the Church. The ‘malaise creole’ statement sparked a big debate within and outside the Church.  It led to a profound reflections of the Church on the Creoles while at the same time the clergy was gradually having Creole priests in its rank. This statement came just two years after Mgr.Piat was appointed as the new Bishop. Given that Bishop Mgr Piat is a White franco-mauritian, it was already question at that time about when the Catholic Church would have a Creole bishop.
The malaise creole statement created a big havoc in the Church. In view of his forthcoming Lent Letter, the new Bishop asked his close collaborators to conduct a survey questionnaire to get the views of the Catholics on the malaise creole. The Lent Letter is usually much awaited by the Catholics and it addressed the malaise creole in 1993. It was the first time that the Catholic Church referred explicitly to the Creoles as a distinct group. The fact that the Lent Letter addressed the creole issue became a visible sign of an undergoing change in the church even if the new Bishop was a White. In his Lent letter, Bishop Piat identified the main factors of this ‘malaise creole’ in the Mauritian society as follows: the precarious socio-economic living conditions of the Creoles, poor educational outcome and limited ambition, a fragile family fabric and negative self-image of the Creole culture. Bishop Piat also described the appeal of the Creoles to the Church. First, he acknowledged that the Creoles were a majority in the Church so that they wanted to participate in the decision-making process at the level of church structures and agencies. Second, Creole families wanted their children to have access to a good school but they complained that their children did not get access to catholic schools. Third, they wanted the Church to give them training in entrepreneurship or leadership as they acknowledged that the Creole community is highly divisive. Finally, the Creoles wanted their culture to occupy a greater place in the liturgy which was mainly French dominant. The ‘malaise creole’ was further compounded by the February 1999 riots which broke out when a famous Rastafarian singer called Kaya died in police cell after his arrest for having smoke marihuana in a public concert in defiance of the law. There was a strong perception that police brutality was linked to racial profiling. By 2000, the Creole consciousness feeling became strong and Creole organisations mushroomed.
Third, the ‘links with Africa’ came with the claim of some Creole academics and some ring leaders of the short lived afro-centric social movement Muvman Morisyen Kreol Afriken ( Mauritian Movment of African Kreols) to define themselves as ‘Afro-mauritians’ (Benoit, 1985) in opposition to the appellation of General Population  as discussed earlier. Although they are the most geographically close to the continent of their origin, the African diasporas in the Indian Ocean are the most remote from it (Miles, 1999). The ‘awakening and forging of an identity’ implies different strategies of self-definition by the Creoles in the light of the definition ascribed to the Creoles by others (Palmyre, 2000). Since 2006, with the pressure of different Creole lobbyists, the State of Mauritius holds an International Kreol Festival in November and December of each year. This annual event highlights the values of the Creole language culture and brings to the fore the whole debate about who is a Creole.
Finally, Bunwaree (2004) describes the Creoles as the ‘deprived and excluded’. For her that the ‘emergence of the Creole consciousness’ reflected the ‘wish of a better distribution of the national cake’. This is later confirmed by a research study (Gill, 2012) on the link between ethnicity and poverty and whose findings were disseminated in the local press.  This research represents a first attempt to study the relations within as well as between all the ethnic groups in the country. It sheds important light on the complex linkages between ethnicity and poverty in Mauritius. The research found that Creoles faced negative discrimination in employment and education, are inadequately represented in state bureaucracy and politics, and face additional obstacles in their access to state resources and institutions. Also, many Hindus (especially widowed Hindu female heads) and ethnically-mixed persons are unable to draw upon social networks due to stigmatisation. In fact, several reports (APRM, 2010; TJC, 2011; EOC Report, 2014; UNHRC, 2015) show that the situation of the Creoles has not changed since the days of the ‘emergence of a Creole consciousness’. In the next section, we will discuss the salient features of these reports in the light of the UN Theme for the Decade of People of African Descents.

About discrimination
Not being recognized officially as ‘Creole’
The UN theme of ‘recognition’ lays emphasis on promoting  ‘greater knowledge and recognition of and respect for the culture, history and heritage of people of African descent, including through research and education, and promote full and accurate inclusion of the history and contribution of people of African descent in educational curricula’.  Basically such a recognition requires that the African diaspora being recognised as a distinct group. As stated earlier in the introduction, Creoles which has in its midst the African diaspora are not recognised explicitly in the Constitution. The UN Human Rights Commission Report (2015) recognizes Mauritius as a multilingual, multicultural and multi-ethnic society. The Report notes that the classification of the Creoles under ‘General Population’ in the Constitution as those persons who do not appear to belong to any of the other communities and includes the Franco-Mauritians, other European immigrants and the ethnically diverse Creoles. In April 2003 the Committee on the Elimination of Racial Discrimination expressed concern that the General Population category combined groups that did not share the same identity and that the constitutional classification established in 1968 might no longer reflect the identities of the various groups in Mauritius. As stated in the earlier section, the rise of the Creole consciousness has led to a strong identification of the Creoles to their mixed or African origins. This makes the appellation ‘General Population’ obsolete.

Government jobs
The UN Decade recommends States to ensure ‘that people of African descent have full access  to effective protection and remedies through the competent tribunals and other State institutions against any acts of racial discrimination and the right to seek from such tribunals just and adequate reparation or satisfaction for any damage suffered as a result of such discrimination’. In the case of the UN member state Mauritius, an Equal Opportunity Commission (EOC) was set up in 2012 under the Equal Opportunities Act 2008. It is geared towards promoting an inclusive society by bringing forward the richness of its diversity. Its vision is to create a fairer Mauritius with no barriers to equal opportunities and to foster an unprejudiced and inclusive society free from discrimination. The EOC Report (2014) state around 18% of cases deal with political opinion and 10% on discrimination on the ground of sex. Statistics also reveal that during 2012 and 2013, 61% of cases were from the public sector and 24% of cases come from the private sector. The Report also reveals that around 100 complaints are from whistle blowers and that a very large number of complaints have been made by men, that is 666 as compared to 238 by women. As regards Rodrigues, more than 90% of cases are due to differences in political opinion. The US country report (2015) on human rights state the following:
Despite laws in place, discrimination occurred, particularly against women; persons with disabilities; and lesbian, gay, bisexual, transgender, and intersex (LGBTI) individuals, but victims filed few cases for cultural or societal reasons.  Non-Hindus claimed they faced discrimination in hiring and promotion for government jobs. (US Country Report, 2015: 10)

Ethnic and racial enclaves
The African Peer Review Mechanism (APRM) is a mutually agreed instrument voluntarily acceded to by the member states of the African Union (AU) as a self-monitoring mechanism. It was founded in 2003. The mandate of the APRM is to encourage conformity in regard to political, economic and corporate governance values, codes and standards, among African countries and the objectives in socio-economic development within the New Partnership for Africa’s Development. The APRM process is based on a “self-assessment” questionnaire developed by the APR Secretariat. It is divided into four sections: democracy and political governance, economic governance and management, corporate governance, and socio-economic development. Its questions are designed to assess states’ compliance with a wide range of African and international human rights treaties and standards. In 2003, Mauritius acceded to APRM through a Memorandum of Understanding. In 2010, the APRM report for Mauritius lauded the country for making tremendous progress in corporate and social governance as well as in health and the education systems. But it made the following observation for Creoles.
The different groups in Mauritian society live in religious, ethnic and racial enclaves. Intermingling is limited. Intermarrying is even more unlikely. Some ethnic groups are hardly to be seen in the political sphere, except in a restricted capacity, and they are unequally represented at all levels of the civil service. Most importantly, one ethnic group (the Afro-Mauritian Creoles) lags behind all others in terms of human development indicators, which explains this group’s enduring sense of grievance as well as its feelings of injustice and exclusion (APRM Report, 2010: 32).
The report depicts the relationship between the different ethnic groups. It qualifies this relationship as ‘religious, ethnic and racial enclaves’. Paradoxically, Mauritians rally as a single nation in international affairs, at trade policy conferences or in other sport world events. But they become members of discrete ethnic groups upon their return to Mauritius. In 2014, Mauritius has been ranked second in Africa after Libya on human development, with the two countries notching global ranks of 63rd and 55th respectively in the high human development category, out of 187 countries in all which were ranked on the Human Development Index (HDI). But the APRM report (2010) points out Creoles as ‘one ethnic group’ and brackets the ‘Afro-Mauritian Creoles’ as those who lag behind in terms of ‘human development indicators’. These indicators are life expectancy, education and per capita income. It is clear that there is a disparity between the progress made by the country at national level and the situation of the Creoles who constitute almost one-third of the island’s population of 1.2 million and who can lay claim of their presence on the island before all other groups.

Poverty
The UN theme of Development  states that poverty is both a cause and a consequence of discrimination and recommend that States should, as appropriate, adopt or strengthen national programmes for eradicating poverty and reducing social exclusion that take account of the specific needs and experiences of people of African descent. The Statistics Mauritius (2015) has produced, with technical support from World Bank, two Poverty Maps (a Poverty Map is a spatial representation of poverty indicators at disaggregated geographical regions.  It gives an overview of the disparities that exist in poverty level within a country), one for 2001/02 and another one for 2006/07.  The maps depict the poverty rate in each of the 145 administrative regions (20 Municipal Wards, 124 Village Council Areas and Island of Rodrigues) of the country.  In the Island of Mauritius, the poverty rates ranged from 2% in the town of Vacoas/Phoenix – Ward 3 to 21% in Bambous Virieux VCA. All towns, except the capital city of Port Louis, had low poverty rates below 5%. Among the towns, Port Louis had the highest poverty rate ranging from 7% for Ward 1 to 15% for Ward 5.  Wards 5 & 6 were among the 10 poorest administrative regions of the country. The poorest regions were mostly located in the eastern coast, the south west coast and in Port Louis. These regions which are the highest poverty stricken areas are inhabited mainly by Afro-Mauritian Creoles. The US Country Report on Human Rights Practices (2015:15) state ‘that pervasive poverty continued to be more common among citizens of African descent (Creoles) than in any other community’ (p.15).  Similarly the UN Human Rights Commission Report (2015) observes that Mauritius is a welfare State and spends about 50 per cent of its budget on social services, including free health and education, which also benefit older persons. Pockets of poverty exist, however, in certain regions, notably the island of Rodrigues, which has a population of roughly 40,000 people, mostly Creole, some 40 per cent of whom live below the poverty level and many of whom do not have access to a water supply and hygienic living conditions. The UN Report on Human Rights (2015) found that ‘Creoles for instance, remained significantly disadvantaged in the enjoyment of economic, social and cultural rights, in spite of the implementation of a range of measures benefiting the most disadvantaged segments of the population’ ( para.33).
The State has implemented several programmes of eradicating poverty since the creation of a Ministry of Social Integration and Economic Empowerment in 2011. The vision of this ministry is to eradicate poverty and strive towards the creation of an inclusive and more equitable society. In line with the UN Decade, the State has developed and implemented policies and projects for safe and secure housing. But it seems that the problem lies at the level of the different state agencies where the Creoles are underrepresented. This creates a situation of patronizing attitude which overlaps with ethnicity and leads to an unequal power relationship. The Truth and Justice Commission Report (2011) sheds new light on this relationship.

Racism
The Truth and Justice Commission (TJC) was established by an Act of Parliament in 2008. It came as a result of the struggle of ‘Les Verts Fraternels/ Organisation Fraternelle’ (Green Brotherhood Organisation), a social movement whose main objective was to champion the cause of financial compensation for slave descents as part of an international movement which eventually led to the setting up of the Reparations Commission formed by the Caribbean community in 2013. The main objective of the Mauritian TJC was to make an assessment of the consequences of slavery and indenture labour from colonial period to date. The TJC was chaired by Alex Boraine, former Deputy Commissioner of the South African Truth and Reconciliation Committee, and was assisted by four Mauritian commissioners. From 2009 to 2011, there were 212 hearings and field works were conducted by researchers. In 2011, a six volume report was submitted to the Office of the President of the Republic. The report made 290 recommendations. Chapter 6 of Volume 1 focuses on race discourse and it gives amongst its main findings the following:
It was found that Creoles, who are currently defined as slave descendants, routinely experienced racist attacks. […] Examples of ‘racist’ events include biased bureaucratic reports, hidden inquests, empty review procedures, the touting of equality policies never enforced, denial of earned recognition, exclusionary socialising, and covert maintenance of housing segregation. (TJC Report, 2011: 286)
In the light of the above statement, it is clear that Creoles of African phenotype who experience racism. Also anti-Creole racist occurrences range from bureaucratic procedures to denial of the Creole identity and ‘covert maintenance of housing segregation’. My understanding of racism is based on the following definition:
Racism […] pattern of thinking and pattern of perception of the members of dominant groups which characterize members of non-dominant groups as different or inferior on basis of real or imagined physical or other characteristics, intending to legitimate inferior treatment, exclusion or violence against, or exploitation of members of non-dominant groups. (Appelt, 2000: 210)
The above definition helps to understand what type of mindset underpins the ‘racist’ events as mentioned in the TJC report (2011). Racist actions against a non-dominant group are located into ‘pattern of thinking’ and ‘pattern of perception’ of the dominant group. In terms of remedial measures the TJC Report (2011) makes the following recommendations:
To encourage public servants in all public institutions and parastatals to rethink how they approach the public of African descent as some current behaviour is unacceptable in 21st-century Mauritius. Most probably, training and monitoring will be required for both affected person and personnel on the fact that:

  • racism emotionally cripples the community and that alleviation of inferiority complexes is required;
  • minds must be freed from cognitive blindness and mental paralysis, through regular focused group meetings with help of social specialists/therapists.

As regard the recommendation for ‘alleviation of inferiority complex’, some studies in racial discrimination (Sellers et al., 2006) propose racial identity as an indirect effect on psychological well-being through its role as a buffer against the impact of racial discrimination. However, Creoles are the least racially conscious. This can be explained for two reasons. First, being of a mixed group, Creoles are, in fact, the most permeating group and transgress social taboos. Second, the dominant ideology of universality of the French Enlightenment which pervades the Mauritian press opinion leaders has always stifled any attempt by the Creoles to affirm their identity.  Unlike other ethnic groups, Creoles have been particularly shaped by the universality discourse of the catholicchurch and as such they have internalised a guilty feeling so that if they assert themselves publicly as Creoles such a behaviour can be considered as divisive for the country. In the 1990s in the heat of the debate on the malaise creole, Father Filip Fanchette, the 76 year old catholic priest and father figure of the Creole struggle, stated in a newspaper interview in the daily ‘Le mauricien’ (23 February 1993) that the Creoles must have no qualms to feel, behave and assert themselves as a unified group as it is the best immune system for the Creoles against adverse situations. For The interaction among the various ethnic groups exhibits varying degrees of conflict and cohesion. Conflict may arise out of competition for scarce resources and in Mauritius, this is most obvious on the labour market. The unequal distribution of power is another source of conflict. While political power, given the ‘first past the post principle’ and the clientelistic nature of Mauritian politics, resides mainly in the hands of Indo-Mauritians, economic power is mainly held by the private sector, made up mostly of the “Franco-Mauritians” (Hall & Du Gay, 1996: 5). In this case, the Creoles have to develop agency and resilience. The final section gives three achievements by the Creoles.

Kreol Agency and Resilience
The Mountain of resistance
Over the past decade there have been several initiatives taken by the Creoles which show some forms of agency and resilience. The first symbolic achievement is ‘Le Morne Mountain’. In 2008, the mountain of Le Morne Brabant and its landscape was inscribed on the list of UNESCO World Tangible Heritage list. The UNESCO website describes the site as follows:
Le Morne Cultural Landscape, a rugged mountain that juts into the Indian Ocean in the southwest of Mauritius was used as a shelter by runaway slaves, maroons, through the 18th and early years of the 19th centuries. […] It is a symbol of slaves’ fight for freedom, their suffering, and their sacrifice, all of which have relevance beyond its geographical location, to the countries from which the slaves came – in particular the African mainland, Madagascar, India, and South-east Asia- and represented by the Creole people ( my emphasis) of Mauritius and their shared memories and oral traditions.
The inscription of Le Morne was preceded by a long and intense struggle by the Creole organisations together with academics and researchers. Nowadays, the abolition of slavery day is celebrated on 1st February of each year on the site of Le Morne. It has now become the place of gathering to recollect and pay tribute to the maroons. Since then, there has been a reappropriation of history by the Creoles. Several publications (Romaine, 2006, 2007, 2008; Harmon, 2008, Palmyre, 2008) and reflective papers (Harmon, 2007, 2013) have been attempts at revisiting history from the perspectives of the oppressed. This has greatly helped the Creoles to occupy the public space and to voice their requests. Language has been a site of resistance and achievement of the Creole identity.

Heritage language as founding myth
The second achievement is the struggle for recognition of Mauritian Kreol ( Kreol Morisien) as the heritage language of the Creoles and the Mauritians at large has also been a  landmark.Kreol Morisien. In 2012, Kreol Morisien was introduced as an optional language in all primary schools. In terms of optional languages, there are two categories, namely Asian or Oriental languages Arabic and Kreol Morisien and Bhojpuri which are the two new languages introduced as from 2012. The presence of Asian or Oriental Languages in the education system is closely associated with the political emergence of the Indo-Mauritian community in the 1950s. As a result of the change in the political climate, ancestral languages were introduced in primary schools in 1955, and they were extended officially to secondary level in 1974, although they had already been taught in several places privately (Dinan, 1986).
The list of Asian or Oriental languages includes seven languages namely Hindi, Urdu, Tamil, Marathi, Telegu, Modern Chinese and Arabic. Hindi has great prestige among the so-called Hindi-speaking Hindus. But it is the mother tongue of a very few speakers. It is used at formal socio-religious functions and is perceived as the cultural parapet against loss of Indianity (Eisenlhor, 2004; Miles, 1999; Eriksen, 1988). However, it is to be noted that the term “Hindi speaking” is in itself a misnomer for Hindi is not in fact the mother tongue or ancestral language of any substantial number of speakers as most of the Indian immigrants came from Bihar where Bihari and Bhojpuri (a dialect of Bihari) are spoken.
Kreol Morisien is in fact the authentic heritage language born in Mauritius (Harmon, 2015). Although the struggle for recognition of Kreol Morisien dates back to the independence period, yet it was as from 2005 when it was introduced for literacy and numeracy purposes in catholic secondary schools that it became a central issue in ethnic politics. Today the presence of Kreol Morisien in primary is a form of cultural reparation to the Creoles and especially the slave descendants.

Sega as World Intangible Heritage
Finally, the third achievement has been the ‘sega tipik’. In 2014, the traditional Mauritan sega dance was inscribed on the UNESCO world intangible list. The UNESCO website describes the sega as follows:
Traditional Mauritian Sega Tipik is a vibrant performing art, emblematic of the Creole community and performed at informal private family events or in public spaces. Songs sung in a minor key gradually increase in tempo, as dancers move their hips and hands to a percussive beat, using short steps to manoeuvre around each other in a variety of different formations.[…] Representing the multiculturalism of Mauritian society, Sega breaks down cultural and class barriers, creates opportunities for intercultural encounters, and unifies various groups around a shared Mauritian heritage.
While the sega was considered as debased and associated with the slave descendants, this world recognition has given great significance and value to the Creole culture. In fact, the sega transcends all barriers and is a symbol of ‘intercultural encounters’ as it has always been sung and danced by all Mauritians. Nowadays, it has become the cultural trademark for  Mauritius at international level and it is the main aspect of the Mauritian culture which is portrayed for heritage tourism. However, there is a high risk that commodification of tourism dispossesses the Creoles of their rich cultural asset.

Conclusion
Hence, this paper examined the case of the Creoles of Mauritius in the context of the UN Decade of People of African Descents. I have demonstrated how Mauritius is doing very well at the level of international human development indicators, however, the situation for the Creoles and especially those of African descents is not improving. This situation raises issues of access to resources and the position of the Creoles as a group identity.

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Não violência (ahimsa), uma alternativa revolucionária num mundo em conflitos

AUTOR: Angela Rebelo da Silva Arruda, Mestre em História Social pela Universidade Federal do Amazonas. E-mail: angelarebeloarruda@gmail.com
RUBRICA: História e Sociologia Política dos métodos de ação

Resumo
Refletir sobre a não violência requer uma análise do uso da violência feito pelo poder e como a humanidade pode sair deste cerco que se fecha cada vez mais, em mais guerras. A história tem testemunhado a opção vulgar pela violência, forjando justificativas para o injustificável. Violência é assim configurada como a única maneira de lutar por direitos ou manter o poder. Mas seria um erro desconsiderar experiências não violentas dos conflitos que salvaram vidas e ofereceram alternativas revolucionárias que desafiam a humanidade a repensar suas escolhas.

PALAVRAS-CHAVE: Não violência; conflitos; história

Abstract
Reflect on nonviolence requires an analysis of the use of violence made by the power and how humanity can get out of this siege that closes increasingly, in more wars. History has witnessed the vulgar option of violence, forging justifications for the unjustifiable. Violence is like this set up as the only way to fight for rights or maintaining the power. But it would be a mistake desconsider non violent experiences of conflicts that saved lives and offered revolutionary alternatives that challenge humanity to rethink their choices.
KEYWORDS: nonviolence; conflicts; history

Os homens, há anos, falam sobre a guerra e a paz. Mas agora já não podem apenas falar sobre isso. Não é mais uma escolha entre violência e não violência… é a não violência ou a não existência.
(Martin Luther King Jr.)

 
A eficácia pacifista exige a ação não violenta diante das situações de conflitos, mas ao contrário do que possa suscitar, não compreende uma ideia de simples negação à uma postura de violência, esta vulgarmente adotada, que tem, literalmente, sangrado a humanidade. A não violência, que embora tenha uma palavra em sânscrito, ahimsa (himsa: violência e (a)himsa: negação da violência), que significa não causar dano, não se constitui como um conceito autêntico, mas como negação de outra coisa, como observa o escritor Mark Kurlansky (2013: 15), a não violência “foi marginalizada porque é uma das raras ideias verdadeiramente revolucionárias”, buscando assim mudar completamente a ordem estabelecida de uma sociedade, constituindo-se em uma ideia assustadoramente perigosa. (KURLANSKY, 2013: 15-16). Uma vez que, “o ponto de vista amplamente apoiado e raramente expressado, mas implícito, na maioria das culturas é que a violência é real e a não violência é irreal” (KURLANSKY, 2013: 17), poder-se-ia voltar atenção ao termo violência, contudo, mesmo este, tem sido, de certa maneira, negligenciado por todos os que se dedicam a pensar as questões que mais afligem a humanidade.
O historiador Eric Hobsbawm (2013: 209) afirma que: “De todas as palavras em voga nos últimos anos da década de 60, a palavra ‘violência’ é provavelmente a mais corrente e a mais carente de significado. Todos falam a seu respeito, mas ninguém reflete sobre ela”. A palavra assim permanece, configurando-se, cada vez mais, em provocação numa atualidade obscurecida por conflitos globais generalizados (Só nas últimas 12 horas, teve-se a notícia de 1,5 milhão de crianças passando fome no Iêmen, vítimas de guerra (G1, Mundo, set. 2016); e este está longe de ser um caso exclusivo, hoje, vive-se conflitos seríssimos na Síria, Congo, Líbia, Nigéria, Egito, Irã, Ucrânia, Rússia, Arábia Saudita, etc.) e, ainda que de maneira remota, estamos todos cientes do gigantesco poder aniquilador de massas, como nos horrores das duas grandes guerras do século XX; como também cientes da brutalidade cotidiana banalizada que paradoxalmente faz coexistir tranquilidade e violência. (HOBSBAWM, 2013: 210).
O ensaísta Aldous Huxley (2016: 97) refletiu sobre a importância de se tentar combater “essa estranha insensibilidade moral e essa indiferença diante da violência em larga escala” que desabou e tem desabado sobre uma parcela enorme do mundo. “Aceitamos como natural e inevitável a destruição de populações inteiras. Aceitamos como inevitável a existência de armas absolutas e do genocídio, como se não houvesse alternativa”. (HUXLEY, 2016: 97). Realidade comum onde os direitos humanos não chegam enquanto a parte do mundo que não se sente afetada, dorme tranquilamente, sem perceber que estamos todos já muito afetados.
“Com frequência ouvimos dizer que a guerra é inevitável porque o homem é um animal belicoso, mas falando biologicamente a guerra – conflito entre grupos organizados da mesma espécie – é um fenômeno muito raro”. (HUXLEY, 2016: 87). Este pensamento parece contradizer a realidade referida, mas como explica o próprio Huxley, ainda que haja conflitos, não guerra, entre membros de uma mesma espécie, deve-se à seleção natural, que eles raramente terminem em uma situação fatal.
Sempre pensamos no lobo, por exemplo, como um animal particularmente sinistro e feroz. Na verdade, conforme observaram naturalistas (…) os lobos nunca combatem até morrer. Sentindo que está derrotado, o lobo expõe sua garganta ao adversário, de modo que, se quiser, o adversário pode imediatamente achar a jugular, seccioná-la e matar o inimigo; mas devido à ação benevolente da seleção natural, o lobo vencedor acha psicologicamente impossível morder. Em vez disso começa a rosnar e afasta-se. Pode-se ver que há para isso boas razões evolucionistas; se os lobos machos habitualmente lutassem até a morte por causa das fêmeas, em breve a espécie terminaria. (HUXLEY, 2016: 88- 89)
O exemplo do lobo intriga a mesma questão instintiva para a espécie humana, assim, Huxley (2016: 89) conclui que a guerra que leva o conflito organizado ao limite da destruição não é instintiva, mas tanto ela, quanto a sua motivação são socialmente condicionadas, não sendo, portanto, qualquer coisa biologicamente inevitável e dessa forma, está em nossas mãos descondicionar tal fenômeno e livrar-nos dele.
Uma amostra desse condicionamento social apontado por Huxley pode ser observada na análise da estudiosa das religiões, Karen Armstrong (2016: 20) ao perceber que, ainda que o guerrilheiro se sinta conectado com o cosmos, estará diante de contradições difíceis de serem resolvidas a partir do tabu fortemente estabelecido entre nós, que implicaria em não tirar a vida de seres da nossa própria espécie, “um estratagema evolucionário que ajudou nossa espécie a sobreviver”. No entanto, luta-se, recorrendo a aspectos mitológicos, normalmente religioso a fim de nos distanciar do inimigo. As diferenças raciais, religiosas ou ideológicas são carregadas de exageros, narrativas desenvolvidas com o propósito de transformar o outro em algo não humano, monstruoso, contrário a ordem e a bondade. Assim, pode-se dizer a si mesmo que a luta é ‘justa’ ou ‘legal’, pelo bem do país e/ou em nome de Deus. (ARMSTRONG, 2016: 20).
De fato, a mesma estratégia que formula artifícios em uma espécie de alívio moral no propósito de tentar justificar a guerra, também é aplicada no ato de escravização de povos, mesmo porque, tanto a guerra, quando a dominação, estão intrinsecamente relacionadas e a história está repleta de exemplos como esse.
“A escravidão do século XVI ao XIX era necessariamente racista porque argumentava que os africanos deviam ser escravizados em razão de sua inferioridade moral inerente”. (KURLANSKY, 2013: 77). Não se pode deixar de referir que o mesmo se deu para os povos indígenas. No Brasil, por exemplo, lado a lado com os povos africanos, cada qual com sua proporção, amargavam o terror originado do pensamento etnocêntrico do colonizador.
Vale ainda mencionar que, tal como observa o historiador John Manuel Monteiro (2001: 174), nas últimas décadas do século XIX, os círculos intelectuais e científicos brasileiros estavam voltados para uma abordagem racial indígena de natureza evolucionista. A exemplo da literatura científica estrangeira da época, os atributos negativos das ‘raças’, acima de tudo, no que diz respeito a sua inferioridade física, moral e intelectual, justificavam e autorizavam o extermínio contra os povos indígenas do Brasil. A propósito, seis crânios de Botocudos chegaram a ser examinados por pesquisadores brasileiros, e ainda que se trate de uma amostragem pequena, tal prática revela “uma série de conclusões preconcebidas sobre a inferioridade dos não-europeus” (MONTEIRO, 2001: 176).
Essa história de violências contra os povos indígenas e africanos, não ficou no passado, deixaram raízes muito profundas no pensamento social que ainda hoje vigora no Brasil e continua a alimentar o racismo, a discriminação e a violência assim constituídos num cotidiano de brutalidades, frequentemente ignorados, mas que estão longe de serem pontuais e ainda que fossem, mereceriam igualmente o nosso desprezo.
É nevrálgica a discussão sobre violência e não violência quando se trata de situações indubitáveis de opressão, mesmo porque, na história da humanidade, majoritariamente, a conquista de direitos foi dada por meio da luta violenta e não há como fazer conjecturas em caso contrário. Analisa-se hoje que, a partir da ideologia liberal, a qual emprega uma dicotomia entre uma violência que é má e retrógrada e uma não violência que é boa e resultante do progresso, como alertado por Hobsbawm (2013: 210), “chega um momento em que o estímulo para o bem se torna incompatível com a compreensão da realidade – isto é, com a construção de sólidos alicerces para o estímulo à bondade”. Todavia, o suposto pacifismo, dessa forma, isto é, compreendido dentro do pensamento liberal, traduziria uma má compreensão da não violência, que é luta por direitos, ação e de maneira alguma, aceitação passiva da opressão.
Nem Gandhi ignorou que a violência foi, na maior parte dos casos, a arma da liberdade, como afirma o filósofo Jean-Marie Muller (2007: 224):
‘As páginas da história estão manchadas do sangue derramado por aqueles que lutam pela liberdade’. Gandhi não condena esses combatentes, mas parece-lhe que é chegado o tempo de sair desta espiral de violência em que se deixaram arrastar opressores e oprimidos. Ele considera que os soldados da liberdade, que recorreram às armas de destruição para combater a opressão, deixaram-se cegar pela violência.

Compreende-se que a violência dos oprimidos e excluídos expressa o sofrimento da ação desesperada que tenta tomar posse do poder sobre a própria vida, quando este lhes é retirado; ela representa a transgressão a uma ordem social que não é digna de respeito. Porém, compreender essa violência não significa justificá-la. Não existe violência justa, muito menos, em nome de uma causa justa, ela não deve ser constituída em um direito. Se assim fosse, para um homem, povo ou nação, como poderíamos ser contra quando a violência defendida para uma causa justa, defendesse uma causa não justa? (MULLER, 2007: 34).
De fato, como afirma Huxley (2016: 94), na guerra, (o que se aplica a quaisquer razões ou em nome de quaisquer causas), não pode haver vencedores, mas destruição de combatentes, destruição de enormes áreas, civilizações e da própria vida. Mesmo as revoluções tendem a devorar seus próprios filhos, como diria o girondino Pierre Vergniaud.
Promovido por uma minoria que exerce poder de decisão no mundo, assiste-se ao espetáculo absurdo “de habilidades, conhecimento, devoção, trabalho e dinheiro sem precedentes ser esbanjado em projetos que não poderão levar à vida, à liberdade, à felicidade, mas apenas à miséria, à servidão e à morte”. Observando ainda, que: “a racionalização de tudo isso é, em todos os casos, o velho adágio romano ‘si vis pacem para bellum’ (se queres a paz, prepara-te para a guerra). Infelizmente, todo mundo agiu conforme esse provérbio nos últimos 2 mil anos ou coisa assim”. (HUXLEY, 2016: 94).
A teórica política Hanna Arendt (1985: 5) observa, quanto a permanência dos conflitos armados, que não se trata de qualquer desejo secreto de fim da espécie humana ou um instinto de agressão irreprimível, ou ainda, o que considera mais plausível, graves perigos econômicos e sociais próprios do desarmamento, mas o simples fato de que não houve no cenário político das relações internacionais qualquer substituto para tal arbítrio final. “Não estava Hobbes correto ao afirmar: ‘Pactos, sem medidas coercitivas, nada mais são do que palavras?’”.
O pensador Walter Benjamin (1921: 122) acredita que “permaneceria ainda sempre aberta a questão se a violência em geral, enquanto princípio, é ética, mesmo como meio para fins justos”. Ainda que considere que para o direito a violência nas mãos dos indivíduos ameaça o seu ordenamento, não sendo, portanto, a violência em si condenada, porém somente aquela que é contrária ao direito. (BENJAMIN, 1921: 127). O próprio militarismo “é a imposição do emprego universal da violência como meio para fins do Estado”. (BENJAMIN, 1921: 131).
Toda violência como meio é ou instauradora ou mantenedora do direito. Se não se pode reivindicar nenhum desses predicados, ela renuncia por si só a qualquer validade. Daí resulta que toda violência como meio, mesmo no caso mais favorável, participa da problemática do direito em geral. E mesmo que, nesta altura da investigação, não se possa enxergar com certeza o alcance dessa problemática, o direito, depois do que foi dito, aparece sob uma luz tão ambígua, que se impõe naturalmente a pergunta se não existiram outros meios, não-violentos, para a regulamentação dos interesses humanos em conflito. (BENJAMIN, 1921: 136).
O então pensador conclui que jamais um contrato de direito poderia adotar uma resolução não violenta, pois “quando se apaga a consciência da presença latente da violência na instituição do direito, esta entra em decadência” (BENJAMIN, 1921: 137). Isto significaria que o direito positivo só sobrevive sobre os alicerces da violência? Talvez a observação de Kurlansky (2013: 34) responda essencialmente essa questão: “o Estado sustenta o direito de matar com seu privilégio exclusivo e guardado com todo zelo. Nada deixa isso mais claro do que a pena capital, que argumenta que matar é errado, e, portanto, o Estado deve matar os matadores”. Ou ainda, “a guerra é simplesmente o meio. O verdadeiro narcótico é o poder”. (KURLANSKY, 2013: 46)
O filósofo e ativista político que influenciara movimentos antimilitaristas e personalidades como Mahatma Gandhi e Martin Luther King Jr., Henry David Thoreau (2016: 51), ao pregar a desobediência civil, um enfrentamento ao poder constituído, observa que “a massa de homens não serve ao Estado primeiramente como homens, mas como máquinas, com seu corpo. Eles são o exército permanente, a milícia, os carcereiros, os policiais, o posse comitatus, etc.”.  Para Karen Armstrong (2016: 24),
Nenhum Estado pode viver sem seus soldados. E quando os Estados cresceram e a guerra tornou-se parte da vida, uma força ainda maior – poderio militar do império – com frequência parecia a única maneira de manter a paz. A força militar é tão necessária para o surgimento dos Estados e de impérios que os historiadores veem o militarismo como uma marca da civilização. Sem exércitos disciplinados, obedientes e respeitadores da lei, a sociedade, diz-se, provavelmente teria permanecido em um nível primitivo ou teria degenerado em hordas que guerreariam sem cessar.
Mas, “deve o cidadão, mesmo que por um instante, ou em menor grau, entregar sua consciência ao legislador? Por que cada um de nós precisaria ter uma consciência então? Acredito que antes de sermos súditos, devemos primeiramente ser homens”. (THOREAU, 2016: 51). Thoreau pregava que o respeito pelo que o é correto deve estar acima do respeito pela lei maior.
A lei nunca tornou os homens um pouco mais justos; e por meio de seu respeito a ela, mesmo os bem-intencionados são diariamente agentes da injustiça. Um resultado comum e natural do respeito indevido à lei é a possibilidade de vermos uma fileira formada por soldados rasos, carregadores de explosivos e tudo o mais marchando em ordem admirável sobre montes e vales para as guerras, contra suas vontades, sim, contra o seu bom senso e consciência, o que torna a marcha extremamente íngreme e produz palpitações no coração. Eles, sem dúvida, sabem que estão metidos em um negócio terrível; todos possuem inclinações pacíficas. Agora, o que são eles? Homens? Ou pequenos fortes e depósitos móveis de armas a serviço de um homem sem escrúpulos no poder? (THOREAU, 2016: 50).
A ideologia de uma cultura liberal a qual prega que manifestações violentas são piores do que a não violência, o que obviamente é verdade, descaracteriza uma não violência que dessa maneira é colocada como algo abstrato, moralmente generalizado e não eficaz para os conflitos vividos por nossa sociedade (HOBSBAWM, 2013: 213-214), além disso, atrapalha uma revisão e análise histórica do poder revolucionário da não violência, desafio que vem crescendo em relevância e merecendo atenção.
Para Hobsbawm (2013: 212), os sistemas vigentes criados na era liberal para a manutenção da ordem pública despertam o aumento das formas mais antigas de violência, já que se encontram sob crescente tensão fazendo com que o terrorismo, a violência política de ação física direta sejam mais intensificadas do que no passado. “O nervosismo e a perturbação das autoridades públicas, o ressurgimento de guardas de segurança das empresas privadas e os movimentos de defesa civil são evidências suficientes”.
O historiador britânico alerta aos que acreditam que toda violência é má por princípio observando que “não podem fazer qualquer distinção sistemática entre diferentes tipos de violência na prática, nem perceber seus efeitos tanto sobre quem a sofre como em quem a emprega”. (HOBSBAWM, 2013: 212). Para que a dignidade dos povos seja preservada é preciso ter discernimento quanto ao que não pode ser negociado. Conforme observa o matemático e sociólogo Johan Galtung (2006: 11), “se você descarta suas próprias necessidades básicas, ou de outros, está se condenando, ou a outros, a uma vida não digna dos seres humanos. Está praticando a violência”. Tais necessidades não são escolhas, antes, escolhem as pessoas; segregação racial, discriminação e regime de opressão são sofrimentos que nenhuma pessoa em sã consciência escolhe. Não é possível ter coerência com a luta por direitos universais abrindo mão daquilo que é inegociável, isso, todavia, não requer, exclusivamente, a alternativa da violência.
A partir dessa ponderação fica fácil compreender, por exemplo, porque até o próprio Nelson Mandela – lição histórica da eficácia não violenta – tenha, em determinado momento, cogitado a possibilidade de recorrer à luta armada, como afirma a ativista política Mary Benson (1987: 116) “Na Algéria [ou Argélia] ele fez um curso de técnicas de demolição, armamento e uso de morteiro. Frequentou palestras no quartel-general do exército algeriano – queria estar habilitado e pronto para lutar pelo seu povo, caso necessário”. Ora, a política da África do Sul massacrava os direitos universais dos negros no sistema de apartheid, dessa maneira, atender ao sentido de não violência passava por não aceitar a violência da opressão que era gigantesca. Mandela e demais líderes viviam acuados e perseguidos; vidas ceifadas, prisões arbitrárias, aonde iria parar tanta injustiça com poucas chances de resistência? Mas os homens e mulheres da África do Sul, que também incluíam brancos, junto com seus líderes, inclusive Mandela da prisão, caminhavam para a melhor escolha, ainda que não lhes era dada escolha alguma. Não existia facilidades. Enfim, a decisão de Mandela por manter a luta não violenta ocorreu graças a sua enorme responsabilidade e poder de análise sobre cenários posteriores.
A perda de mais vidas numa certeira guerra civil, comprometeria o futuro de gerações de negros e brancos, como as vivas cicatrizes dos mais de cinquentas anos decorridos da guerra entre boêres e ingleses. Mandela preferiu oferecer a esperança para relações raciais, com o mínimo de ressentimento, frutificando desse modo, um governo democrático. (BENSON, 1987: 110). Dessa maneira, ele presenteia a humanidade com uma lição, jurídica inclusive. Quando Mandela, o Tata (pai) da democracia, fazia parte da massa oprimida não detinha o poder do Estado, mas quando ele se tornou Estado ou poder ao vencer as eleições presidenciais de 1994, depois de 27 anos de prisão, longe da família e sem acesso a uma vida normal, com sua saúde afetada (como a visão, pela incidência de raios solares quando por trabalho forçado quebrava rochas na prisão) e tendo todos os motivos para a vingança, o rancor e o ódio, inaugurou a conciliação entre opressores e oprimidos e abalou convicções teóricas relacionadas a poder e violência, poder e coerção, não violência e decadência do direito. Ao contrário, Madiba, revelando seu estado revolucionário de ahimsa, mostrou ao mundo que havia alternativa de resoluções de conflitos sem fazer uso da violência, mas da racionalização mais sensata que assim tirou do campo do idealismo utópico, soluções muito mais prováveis de serem desacreditadas e por fim descartadas.
Iniciamos essa discussão evidenciando o problema da conceituação de não violência (ahimsa), enquanto força ativa. É através de seu uso na prática, isto é, de como a história o revelou, que se pode compreendê-la. O economista Jacques Attali (2013: 257) refere que “Gandhi acredita que ahimsa permite o triunfo da verdade, impondo-se ao sofrimento; é recusa do ódio do inimigo. Na falta de termos melhores em inglês, ele fala de ‘não violência construtiva’”.
O feito de Nelson Mandela, como o de Gandhi, seu inspirador, que libertou a Índia da colonização inglesa sem o uso da violência, luta que teria iniciado justo na África do Sul de Mandela, contra a discriminação, o racismo e a opressão do povo indiano, assim como a luta não violenta de Martin Luther King Jr. pelos direitos civis americanos, também inspirado pela ahimsa revolucionária tão bem praticada por Gandhi, são exemplos históricos inspiradores! Paradoxalmente, eles aconteceram no mesmo sangrento século XX, e deixaram um legado de renovação e de possibilidades para toda a humanidade, contrariando o redemoinho de violências cada qual mais justificada do que a outra, com as quais a história frequentemente tem sido feita. “A história parece dar razão aos violentos, mas é apenas a história dos violentos. Já a história das violências, ainda deve ser escrita e, para tanto, caberá levar em consideração a opinião das vítimas” (MULLER, 2007: 39). Quando difícil interromper tal cadeia de brutalidades, temos o aparente exclusivo caminho de fatalidade, contudo, “a não violência tem como proposta romper com essa fatalidade”. (MULLER, 2007: 34).
A história deve dar conta de ficar atenta para, ao definir a violência, não se posicionar ao lado daquele que a pratica, o que necessariamente será um risco com relação a verdadeira natureza deste, iniciando processos que tentarão justificar os meios pelos fins. (MULLER, 2007: 30). O historiador Marc Bloch (2001: 45), já compreendia que uma ciência sempre parecerá ser incompleta “se não nos ajudar, cedo ou tarde, a viver melhor”, e “em relação à história, ainda mais claramente predestinada, acredita-se trabalhar em benefício do homem” pois que tem o próprio homem e suas ações como material. “De fato, uma velha tendência, à qual atribuir-se-á pelo menos um valor de instinto, nos inclina a lhe pedir meios de guiar nossa ação”.
Assim, “Não resta dúvida de que a violência continua violência, isto é, continua injusta, logo, injustificável porque continua desumana, qualquer que seja o fim a que se propõe”. (MULLER, 2007: 35). Hobsbawm (1995: 11) observa que “quase todos os jovens de hoje crescem numa espécie de presente contínuo, sem qualquer relação orgânica com o passado público da época em que vivem”, por isso a importância dos historiadores, que possuem o ofício de lembrar aquilo que os outros esquecem, “por esse mesmo motivo, porém, eles têm que ser mais do que simples cronistas, memorialistas e compiladores”, a reflexão sobre a forma não violenta de resoluções de conflitos parece corresponder a uma alternativa responsável para que o século XXI encontre o ‘idealismo realista’ pensado por Huxley (2016: 99-100), “ou realismo idealista, que ofereça alguma proposição sensata e torne possível transferir o conflito a outro nível, que não envolverá tantos horrores”, como viáveis e reais no estado revolucionário de ahimsa.

Bibliografia
Fontes
G1 Mundo. Vítimas da guerra 1,5 milhão de crianças passam fome no Iêmen. Disponível em: <http://g1.globo.com/mundo/noticia/2016/09/vitimas-da-guerra-15-milhao-de-criancas-passam-fome-no-iemen.html>. Acesso em: set 2016.

Referências Bibliográficas
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ARMSTRONG, Karen. Campos de sangue: religião e a história da violência. Traduzido por Rogério Galindo. 1 ed. São Paulo: Companhia das Letras, 2016.
ATTALI, Jacques. Gandhi: o despertar dos humilhados. Traduzido por Sandra Guimarães. Barueri, SP: Novo Século Editora, 2013.
BENJAMIN, Walter. Para uma crítica da violência. Organização, apresentação e notas por Jeanne-Marie Gagnebin, traduzido por Susana Kampff Lages e Ernani Chaves. In: Escritos sobre mito e linguagem:(1915-1921). Livraria Duas Cidades, 2011. Disponível em: <https://cidadhania.files.wordpress.com/2013/07/walter-benjamin-crc3adtica-da-violc3aancia-1.pdf>. Acesso em: 21 set 2016. pp. 121-157.
BENSON, Mary. Nelson Mandela: o homem e o movimento. Prefácio de Desmond M. Tutu. Traduzido por Ana Maria L. Ioriatti. São Paulo: Editora Brasiliense, 1987.
BLOCH, Marc. Apologia da História, ou, o ofício de historiador. Prefácio de Jacques Le Goff, apresentação à edição brasileira, Lilia Moritz Schwarcz, traduzido por André Telles. Rio de Janeiro: Zahar, 2001.
GALTUNG, Johan. Transcender e transformar: uma introdução ao trabalho de conflitos. Traduzido por Antonio Carlos da Silva Rosa. São Paulo: Palas Athena, 2006.
HOBSBAWN, Eric J. As regras da violência. In: Revolucionários. 4. ed. Traduzido por João Carlos Victor Garcia e Adelângela Saggioro Garcia. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 2013. pp. 209-215.
______. Era dos extremos: o breve século XX, 1914-1991. 2. ed. Traduzido por Marcos Santarrita, revisão técnica de Maria Célia Paoli. São Paulo: Companhia das Letras, 1995.
HUXLEY, Aldous. Guerra e Nacionalismo. In: A situação humana. Traduzido por Lya Luft. 2. ed. São Paulo: Biblioteca Azul, 2016. pp. 87-104.
KURLANSKY. Mark. Não violência: a história de uma ideia perigosa. Prefácio de Sua Santidade o Dalai Lama. Traduzido por Otacílio Nunes. Rio de Janeiro: Objetiva, 2013.
MONTEIRO, John Manuel. As “raças” indígenas no pensamento brasileiro do império. In: Tese de Livre Docência: tupis, tapuias e historiadores: estudos de história indígena e do indigenismo, 2001. pp. 170-179.
MULLER, Jean-Marie. O princípio da não-violência: uma trajetória filosófica. Traduzido por Inês Polegato. São Paulo: Palas Athena, 2007.
THOREAU, Henry David. Desobediência civil. Traduzido por Daniel Moreira Miranda. São Paulo: EDIPRO, 2016.

II. Análisis del Concepto de Refugiado – La categoría de refugiado desde su origen hasta la actualidad

AUTOR: María Soledad Gonzalez, cientista politica pela Universidade de Estocolmo e pesquisadora na entidade sueca de apoio aos refugiados
RUBRICA: Notas de pesquisa – conceitos
PALABRAS CLAVE: refugiados; definición; derechos humanos; derecho de asilo; conflictos bélicos; ACNUR.

Introducción
El comienzo de este siglo se ha caracterizado por un creciente número de conflictos inter- e intraestatales que ha afectado a millones de personas que escapan de los focos de conflicto. Según el último informe de ACNUR23, el número de refugiados y desplazados actualmente excede los 50 millones de personas, superando así incluso la cantidad de refugiados durante la Segunda Guerra Mundial (Amnistía Internacional, jun 2015). Ante la naturaleza heterogénea de los conflictos bélicos sumado a nuevos desafíos como son desastres naturales, se observa la insuficiencia de la institución del asilo. Asimismo, la capacidad de acción tanto de los Estados como de la sociedad internacional en su conjunto ante las presentes crisis humanitarias es más bien limitada.
El objetivo de este artículo es presentar las limitaciones y obstáculos que el régimen encuentra actualmente, particularmente respecto de la definición de refugiado en el contexto actual, es decir, con grandes flujos de refugiados huyendo de conflictos en África y Oriente Medio sumado a políticas cada vez más restrictivas por parte de las grandes potencias. Las principales fuentes de información han sido informes del ACNUR y demás organizaciones internacionales reconocidas, que trabajan en éste ámbito como es Amnistía Internacional. Además, son aquí citados trabajos académicos previos en dicha área.

Evolución histórica del derecho de asilo y el concepto de refugiado
Es imposible estudiar el derecho de asilo fuera de su contexto histórico, ya que esta institución fue resultado del mayor conflicto bélico de nuestra historia – la Segunda Guerra Mundial. Como sabemos, como respuesta al genocidio y a las torturas durante esta guerra, surge la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la cual establece en el art. 14, el Derecho a asilo (Asamblea General de la ONU, 1948). Ya en diciembre de 1951, y con una visión extremadamente optimista, se crea el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados con un mandato de sólo tres años afín de actuar en el desplazamiento de refugiados de Europa (ACNUR, Historia, 2015). No obstante, el concepto de refugiado adoptado en la Convención de Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados, era muy restringido, ya que se encontraba limitado tanto temporal como geográficamente (ACNUR, Estatuto, 1951); es decir, este estatuto sólo reconocía como refugiados a los afectados en Europa y a los acontecimientos antes de 1951 (Da Frota Simões, 2011, pp. 1-3).
En esa misma década, como consecuencia de la Revolución Húngara, se vería que el ACNUR no sería un mero instrumento temporario. Otros conflictos, como los que llevan a la descolonización de Àfrica, traen consigo figuras atípicas de refugiados hasta ese momento, que crearían grandes dificultades en los países de acogida (Prieto-Godoy, 2013, p. 89). En este contexto, urge la necesidad de ampliar el término de refugiado; así con Protocolo de 1967 se excluyen las reservas temporal y geográfica antes mencionadas (Da Frota Simões, 2011, pp. 1-3).
Sería apropiado además considerar la naturaleza geopolítica y estratégica de las instituciones del régimen de refugiados. Durante la Guerra Fría, los refugiados se convierten en un elemento más de disputa entre los bloques occidental y soviético. En ese contexto, la definición de refugiado es meramente política y es utilizada tanto por los EEUU como por la Unión Soviética como elemento de la política externa para ejercer presión sobre los nuevos estados de la periferia, obligándolos a elegir un posicionamiento. Con el fin de la Guerra Fría, los refugiados pierden esa carga ideológico-política, razón por la cual la protección por parte de las grandes potencias se reduce considerablemente. Un ejemplo de esto fue la protección temporaria de diversos países europeos a los refugiados del conflicto de los Balcanes (Reis y Bertino, 2010, p. 24).
El presente siglo ha traído muchos cambios en el sistema migratorio internacional con la introducción de políticas cada vez más estrictas por parte de los países industrializados. Primeramente, los ataques del 11 de Septiembre 2001 impulsan la securitización del sistema internacional materializada en la llamada Guerra al Terrorismo. En muchos casos, estas extremas medidas de seguridad, repercuten en graves violaciones a los derechos humanos como son detenciones arbitrarias, aislamientos, maltratos y hasta la persecución de determinados grupos étnicos o religiosos (Amnistía Internacional, 2006). Esto también ha aumentado la islamofobia, lo cual perjudica a personas en busca de asilo, ya que el prejuicio afecta el procedimiento de reconocimiento de las mismas como refugiados (Prieto-Godoy, 2013, p. 94). Por otra parte, la profunda crisis económica en EE UU que hace eco en Europa desde 2008, limita bastante el movimiento migratorio, particularmente desde los países denominados “push”24 hacia los “pull”. Otro factor que tiene gran impacto en el número de refugiados hoy en día es el cambio climático, ya que el ascendente número de desastres naturales, deja a millares de personas sin hogar. Este fue el caso de Filipinas, por ejemplo, cuando en noviembre de 2013 el tifón más fuerte hasta entonces registrado obligó el desplazamiento de 4 millones de personas (Refugees International, 2015).

El concepto de refugiado y sus limitaciones en el orden global contemporáneo
Según el último informe de Amnistía Internacional, estaríamos presenciando la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. El número de refugiados sólo en Siria supera los 4 millones, donde además unos 7,6 millones de personas se encuentran desplazadas dentro del país. Por otro lado, el número de refugiados que arriesga su vida intentando atravesar el Mediterráneo para llegar a Europa es cada vez mayor. Sólo en 2015 más de 200.000 personas se embarcaron en la travesía, de las cuales 3500 perdieron la vida. De cualquier manera, aunque el foco de los medios esté en el Mediterráneo, el número de refugiados que llega a Europa es mínimo comparado con el enorme impacto demográfico que los países vecinos a Siria están teniendo. Por ejemplo, se calcula que el Líbano ya ha recibido un número de refugiados equivalente a un cuarto de su población total. Además, varios de los países receptores, como Libia, están en una situación muy inestable, lo que hace presumir que no estarían en condiciones de ofrecer protección a los refugiados (Amnistía Internacional, junio 2015).
Todos estos hechos ponen el derecho a asilo en el centro del debate actual. Sin embargo, cabe destacar que el derecho de asilo no es sinónimo de derecho a asilo. Es decir, el Estatuto del Refugiado reconoce el derecho de buscar asilo pero no obliga a los Estados a reconocerlo. Apenas prohíbe que se devuelva a las personas que corren riesgo de muerte en su país de origen (principio de non-refoulement). Por lo tanto, la decisión de recibir refugiados es un acto soberano del Estado y, en consecuencia, una decisión política marcada por complejos intereses. Los Estados interpretan las normas del derecho conforme sus propios intereses ya que no existe una autoridad supranacional que pueda obligarlos a cumplir las normas del Derecho Internacional. Algunos autores consideran que los Estados ponen en la balanza la relación costo-beneficio que les trae la recepción de refugiados. O sea, si los beneficios superan los costos, el Estado estará más dispuesto a crear políticas favorables a la acogida (Reis y Bertino, 2010, pp. 18-19).
Asimismo, la naturaleza no vinculante de los regímenes internacionales hace que la solución del problema a fin de cuentas esté siempre en manos de los Estados. De esta forma, será él que determina si un individuo puede obtener el estatus de refugiado. Además, es el Estado que interpreta las definiciones, y en los casos en que las personas obligadas a migrar no encuadran en la definición legal (como es el caso de personas amenazadas por su condición sexual o de mujeres que corren el riesgo de sufrir mutilación femenina), queda a merced de las autoridades estatales.

Consideraciones finales
Observamos que la realidad de los refugiados hoy es muy diferente a la del origen de esta institución. La complejidad del escenario internacional contemporáneo, deja la definición un tanto desfasada y lejos de abrigar las nuevas condiciones en las que se encuentran las personas forzadas a huir.
A pesar de que el sistema internacional tenga cada vez más actores que influencian la gobernanza global, el Estado continúa siendo el centro y el actor más determinante a este respecto. Por lo tanto, es la obligación de los estados de desarrollar estrategias intergubernamentales como por ejemplo, la introducción de cuotas de repartición de cargas o crear procedimientos de carácter vinculante baseados en el principio de “pacta sunt servanda”, ya que la ausencia de estos mecanismos incentiva prácticas nacionales dispares.
Por último, los principios socioeconómicos reflejados en los Derechos de Segunda y Tercera generación aún no son reconocidos por la sociedad internacional en su totalidad, lo que es absolutamente incompatible con las normas jurídicas protectoras de los derechos humanos (Prestel, 2015). A este respecto, tanto la sociedad civil como la ONU y otras organizaciones defensoras de derechos humanos, deberían insistir en el reconocimiento de estos derechos.

Notas
23) ACNUR: Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados
24) Se denomina “push” a los países que atraen migrantes y “pull” a los países de los cuales las personas emigran.

Bibliografía
Da Frota Simões, G. (2011). “Os 60 anos da Convenção Relativa ao Estatuto dos Refugiados: Uma breve análise do conceito e os problemas atuais”. Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada, pp. 1-3.
Prieto-Godoy, Carlos A.(2013). “La situación de las migraciones internacionales mixtas, un desafío constante para el derecho internacional de los refugiados y el derecho de asilo”, Díkaion 22-1, pp. 83-107.
Reis Rocha, R; Bertino Moreira, J. (2010). “Regime Internacional Para Refugiados: Mudanças e desafios”, Relações de Sociologia e Política . V18 (No 37), pp. 17-30.
Webgrafía
ACNUR. (2015). Historia del ACNUR. Disponible en: http://www.acnur.org/t3/el-acnur/historia-del-acnur/. Último acceso: 22 jun 2015.
Amnistía Internacional (Jun 2015). Report: “The global refugee crisis: A conspirancy of neglect”. Disponible en: https://anistia.org.br/wp-content/uploads/2015/06/P4575-Global-refugee-crisis-Syria.pdf. Último acceso: 20 jun 2015.
Amnistía Internacional. (2006). EEUU utiliza empresas “tapadera”para realizar vuelos secretos rumbo a la tortura y la “desaparición”. Disponible en:
https://www.es.amnesty.org/noticias/noticias/articulo/eeuu-utiliza-empresas-tapaderapara-realizar-vuelos-secretos-rumbo-a-la-tortura-y-la-desaparicion/. Último acceso: 20 jun 2015.
Asamblea General de la ONU, Resolución 217 A (III). (10 dic 1948). Declaración Universal de Derechos Humanos. Disponible en:
http://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf. Último acceso: 22 jun 2015.

I. La guerra o el modelo ¿quién es el villano?

AUTOR: Héctor Silva Michelena economista e professor (UCV) Caracas
RUBRICA: Notas de pesquisa – conceitos

Decía el gran físico Werner Heisenberg que “la cosa observada no es independiente del observador”. Entre ambos se interponen innumerables notas distintivas prejuzgadas puestas por una larga sucesión de generaciones. Todos padecemos de prejuicios cognitivos. Un prejuicio cognitivo es una distorsión cognitiva que afecta al modo en el que los humanos perciben la realidad. Las categorías generales de prejuicios se establecen a partir de creencias basadas en las costumbres, tradiciones o mitos que se adjudican a determinado grupo. Como tal, se originan primero hacia un individuo, luego se atribuyen a todo el grupo al que pertenece ese individuo, y, a continuación, se aplican a todos los individuos del grupo: Fascismos, militarismos.
Los especialistas sostienen que los prejuicios surgen de la necesidad del ser humano de protegerse de todo aquello que reconoce como potencialmente peligroso. Los prejuicios, en este sentido, actúan proporcionándole la posibilidad de tomar decisiones firmes y rápidas que eviten situaciones peligrosas. Ejemplos: El Gobierno: la guerra económica que Maduro y su gobierno dicen que han lanzado los agentes económicos y políticos contra el Proyecto Bolivariano. La oposición: J.P. Olalquiaga, presidente de Conindustria, ha dicho: “El Gobierno sigue quebrando las empresas que quedan en el país. Necesitamos un nuevo rumbo en materia económica, llegamos a un problema no político sino de fuerza, y la fuerza está en el cambio que quieren los venezolanos”.
¿Cuál es el problema? ¿De  fuerza? Sí, pero no de las armas, sino de la soberanía y el querer del pueblo. La grave crisis societaria que sufre Venezuela, cuyas manifestaciones más visibles son la escasez y la carestía persistentes de todos los bienes básicos para el ser humano. En pocas palabras, en Venezuela se ha instalado la “economía de la escasez”, característica de todos los socialismos que existieron y existen. ¿Quién se acerca a la verdad? Veamos.
¿Qué son las leyes económicas? Clásicos del marxismo: Son las interdependencias objetivas y las conexiones de causa y efecto esenciales que persiste en los procesos y fenómenos económicos, y sin las cuales no se puede hablar de relaciones de producción en su integridad y desarrollo. Según Marx, el hombre no puede crear, cambiar o abolir las leyes económicas, pero puede descubrirlas, conocerlas y utilizarlas en provecho de la sociedad. Utilizar las leyes económicas significa concordar la acción humana con las exigencias de dichas leyes. Si la economía es de mercado, estas leyes no pueden ser abolidas por el hombre, pero sí orientadas en provecho de la sociedad. ¿Cómo? Mediante la acción de las políticas públicas.
La política económica,  puede reorientar los flujos monetarios (presupuesto) para redirigir los flujos reales y utilizarlos en provecho de la sociedad. ¿Cuál es esta política en el gobierno? Están en el Plan de la Patria, de Chávez (letra muerta) y en la Agenda Económica Bolivariana de Maduro: 15 motores productivos y los CLAP.
Para los no-marxistas, clásicos y neoclásicos: las escuelas fundamentales son la clásica, la neoclásica y la keynesiana. Estas, a su vez, tienen sub-escuelas: neoclásicas, síntesis neoclásica, neo-keynesianismo, post-keynesianismo, etc. Todas ellas tienen (no los clásicos) un denominador común: la evaluación personal de la utilidad de un objeto es la fuente del valor de esos objetos, y esa utilidad expresa las preferencias del consumidor.  Todo esto es válido, aunque modificado, en los casos de competencia imperfecta, oligopolio, intervención estatal, información asimétrica. Amartya Sen introdujo un matiz importante: un bien es útil si quien   lo recibe (compraventa, regalo, donación) sabe y está en capacidad de darle utilidad. Si un hogar, que ha vivido largamente o toda su vida en un rancho, recibe una vivienda, donada o subsidiada, no sabrá cómo utilizarla bien, y meterá el rancho en su nueva vivienda.
¿Qué es la escasez y cómo se cuantifica? El concepto no es absoluto, es una relación entre el consumidor (la demanda) y el bien (la oferta). Un almacén puede ofrecer pocos  bienes, pero si nadie los demanda, esos bienes no son escasos. Puede que una empresa produzca, y distribuya, una gran cantidad de productos, pero si el crecimiento de la demanda es mayor, suben los precios o se evidencia la escasez. Si esta persiste, entonces el consumidor compra más, para proteger el alimento de su hogar. Y si aún se sostiene largamente, la escasez se reproduce. Y esto es lo que está ocurriendo hoy en  día en Venezuela.
¿Cómo se cuantifica? Hay dos métodos frecuentes: 1) la programación lineal (PL), y 2) la elaboración de índices. La PL es un procedimiento matemático para calcular un plan óptimo de actividades. Por ejemplo, una empresa busca determinar el máximo o el mínimo de un objetivo de beneficio o producción, bajo restricciones específicas para satisfacer una demanda que estimó. Si los recursos productivos de que dispone (insumos, divisas, máquinas, trabajo) son insuficientes (restricciones), entonces la firma no podrá satisfacer la demanda estimada, y se   abrirá una brecha respecto a la oferta; el resultado es la falta del producto, que puede ser transitoria, pero si este evento  se repite con mucha frecuencia, es decir, se hace crónico, se convierte en escasez.
En cuanto a los índices, existe el que labora el BCV, que no siempre es publicado. En el caso de la escasez crónica (la ex URSS, Cuba)) ocurren cientos de miles de esos eventos elementales. La intensidad de la escasez depende de la frecuencia de esos eventos. Al ser un fenómeno masivo puede ser descrito estadísticamente. Y, mediante métodos apropiados, con los hechos  observados se elabora un indicador que muestra la frecuencia con la cual ese evento ocurre. Contrastándolos con los resultados de la PL, se determinan las causas del fenómeno. Surge así la pregunta:
¿Por qué la producción ofrecida es insuficientes para satisfacer la demanda de los artículos regulados? El gobierno insiste en que los agentes económicos privados (la burguesía) y los partidos de oposición lanzaron una  guerra económica contra el Proyecto Bolivariano.  Pero hay un dato irrefutable: los resultados de las elecciones a la AN el 6D pasado. El gobierno no los supo ni los sabe leer todavía: según los expertos, se trató de un voto castigo a una mala gestión: el pueblo sufría para comer, hallar sus medicinas y artículos de higiene personal y del hogar.
De ahí los decretos de Estado de Excepción y  Emergencia Económica (enero) y el muy reciente que crea la Gran Misión de Abastecimiento Soberano (Gaceta Oficial del 11 de julio 2016), muy bien analizado por José I. Hernández en Prodavinci. El Órgano Superior del Comando, que asumirá  la gestión ordinaria del Comando Nacional, tendrá como Jefe al Ministro de la Defensa quien, desde la unión cívico-militar, deberá “aprovechar la capacidad operativa de La FANB en todo el territorio del país […] para la garantía de los derechos a la alimentación y la salud […] en la aplicación del principio de corresponsabilidad en la defensa de la seguridad de la nación […] en la cual la FANB debe participar activamente”. Así que, Mauro y el general Padrino López, Jefe del Órgano Superior, han declarado la guerra “no convencional” contra los contra los contrarrevolucionarios: empresarios, partidos de oposición, y todos los disgustados y críticos de su gestión económica.
Algunos datos: según Conindusria, en 2016  la capacidad utilizada fue de 36%, la producción cayó un 61%; las restricciones fueron, en este orden: falta de materias primas, nacionales e importadas, falta de divisas, incertidumbre jurídica y política, economía controlada, fallas eléctricas. Estas son condiciones de alto riesgo, que frenan la propensión a invertir y estimulan la fuga de talentos y de empresas extranjeras. Pese a que el gobierno de Nicolás Maduro ordenó la ocupación de la planta y oficinas de la empresa por parte de los trabajadores locales, con Kimberly-Clark, son 16 las multinacionales que han optado por salir de Venezuela desde 2010. El deterioro de las condiciones económicas y de negocio fue el motivo principal de su salida.
En la agricultura y cría,  Antonio Pestana explica la situación así, en una entrevista con Deutsche Welle (TV alemana): Señor Pestana, ¿cómo le explicaría FEDEAGRO a una audiencia extranjera los factores que propician la escasez de alimentos en Venezuela?
Antonio Pestana: Las principales causas de la dramática situación que vivimos son la falta de garantías económicas, de seguridad jurídica y de seguridad personal; la escasez de insumos y de personal capacitado; serios problemas de desarrollo tecnológico y de financiamiento; y la falta de competitividad de la producción nacional frente a las importaciones. Férreos controles hacen que el precio de muchos de los bienes esenciales tienda a estar por debajo de los costos de producción. En otras palabras, la producción agraria no es rentable.
La integridad de nuestras unidades de producción tampoco está garantizada. Según las cifras oficiales, el Gobierno ha confiscado 5,2 millones de hectáreas en 1.200 unidades de producción en la última década. Hoy en día, las tierras confiscadas producen menos de lo que lo hacían con sus propietarios originales o no producen. A eso se suma la inseguridad personal: la violencia delictiva –los robos y los secuestros, por ejemplo– hace estragos en los campos agrícolas del país. En algunos casos, nos impide ir a nuestras unidades de producción; en Venezuela se tienen 35 millones de hectáreas de tierras con mucho potencial, pero apenas se utilizan 11 millones.
Exceptuando al fertilizante nitrogenado, en Venezuela no se producen agroquímicos; éstos deberían ser importados. Pero, como tenemos un control de divisas muy severo y los dólares se asignan de manera discrecional, el sector agrario no ha podido honrar sus compromisos con empresas extranjeras; ya se nos percibe como deudores morosos y se nos ha cerrado toda línea de crédito. Ahora dependemos de lo poco que importa el Estado y esas limitaciones hacen que las superficies cosechadas se reduzcan considerablemente.
La empresas privadas que solían importar maquinaria, implementos y repuestos ya no lo hacen. También en ese caso dependemos totalmente de las adquisiciones que haga el Estado. La vida útil del 65 por ciento de nuestros tractores y del 85 por ciento de las cosechadoras ha caducado. Ese grado de obsolescencia y la falta de repuestos llevaron nuestra capacidad para producir al mínimo. Por otro lado, el Gobierno no le ha dado la importancia que merece a la capacitación, la generación de conocimiento y su transferencia.
En Venezuela, un índice de inflación de tres dígitos hace que la cartera agrícola obligatoria aumente su valor en términos nominales; pero, en términos reales, ésta pierde valor con cada día que pasa y eso limita la capacidad de invertir. Por si fuera poco, la sobrevaluación del dólar desestimula la compra de productos nacionales y le da impulso a las importaciones, muchas de las cuales han sido llevadas a cabo de manera oportunista por algunos empresarios y miembros del Ejecutivo.

Conclusión
Los empresarios del campo y la ciudad sostienen, pues, que el problema encuentra sus raíces  en el proyecto económico implantado por Chávez, y seguido por Maduro, que ha despilfarrado los enormes recursos percibidos, destruido la capacidad productiva doméstica, alimentado la inflación, y aumentado nuestra dependencia del ingreso petrolero (97% de las divisas) y de proveedores foráneos. Recordemos a Heisenberg. ¿Qué observa el gobierno? Probablemente, estos mismos datos, pero temperados por el prejuicio oficialista. Y los juzga como datos de la guerra económica desatada por “actores económicos y políticos adversos al Proyecto Bolivariano”.
Su política económica procura el control total de la economía, pero no lo ha logrado porque los venezolanos se lo han impedido. La estructura institucional de la economía venezolana es, hoy en día, aproximadamente la siguiente: PIB público: 40%, PIB privado: 58%, economía social: 2%. ¿Sobre qué cantidad de capital y de empleo se levanta ese 40%? Nadie lo sabe. Como los sectores público y privado están monetizados y emplean trabajadores asalariados, se desprende 1) que en nuestra  economía rigen las leyes mercado, y 2) que el Estado, al tener asalariados, les extrae un excedente, como cualquier burgués. Sólo que en peores condiciones: son personas que pueden verse  obligadas a vender su voluntad. A desaparecer como ciudadanos.
¿Podrá la FANB, comandada por el general Padrino León, abolir las leyes de la economía de mercado? ¿Podrá reorientar la política económica en provecho de todos los venezolanos, sin que el gobierno cambie?